Miguel Tellado: de la trinchera nacionalista a la trituradora de currículums

Miguel Tellado: de la trinchera nacionalista a la trituradora de currículums

Hay historias que parecen escritas por un guionista con resaca, pero ni el más inspirado libretista de Berlanga habría imaginado un personaje como Miguel Tellado, ese virtuoso del trampantojo biográfico, portavoz del PP y funambulista curricular a tiempo parcial. Su última pirueta: borrar discretamente de la web del Partido Popular que es periodista, tras un cariñoso tirón de orejas en Twitter por parte del ministro Óscar Puente. Como quien esconde el jarrón roto debajo del sofá mientras sonríe como si nada.

Porque lo que parecía un duelo retórico sobre másteres, títulos y carnés de biblioteca, ha acabado revelando algo mucho más divertido: que el flamante portavoz del PP no sabe muy bien qué ha estudiado, o al menos no quiere que tú lo sepas. En la web del Congreso aparece como licenciado en Ciencias Políticas, pero en la del PP era, hasta hace 48 horas, “periodista”. ¿Una errata? ¿Un desliz? ¿Un homenaje involuntario a Noelia Núñez? No lo sabemos. Pero lo cierto es que, como por arte de magia, el periodismo desapareció de su biografía digital tras el comentario de Puente. Abracadabra, y adiós micrófono.

Resulta entrañable que quien lidera cruzadas en Twitter para exigir títulos universitarios a sus adversarios políticos acabe pillado con la brocha en la mano y sin el título colgado. Como si el inspector de Hacienda apareciera en la lista de morosos. Como si el vigilante del aparcamiento tuviera el coche en doble fila.

Tellado, antes de convertirse en el látigo de la izquierda desde la bancada azul, fue un joven entusiasta del nacionalismo gallego. Sí, has leído bien. El ahora hombre fuerte de Feijóo, el que denuncia a gritos la deriva radical del Gobierno, comenzó militando en el Bloque Nacionalista Galego, o al menos tonteando con él con la simpatía con la que se flirtea en la adolescencia con el heavy metal o con el yoga. Lo sabemos porque, en sus años mozos, trabajó en Radio Fene, una emisora municipal de una localidad tradicionalmente nacionalista (sí, el mismo Fene donde nació Yolanda Díaz, por si no tenía ya suficiente ironía este relato).

Desde los micrófonos de esa emisora, Tellado entrevistaba con admiración al mismísimo Xosé Manuel Beiras, por entonces el rostro más visible del BNG, con la lengua afilada y la misma pasión que hoy reserva para descalificar al Gobierno de coalición. En 1998, un jovencísimo Tellado radiaba la llegada de Beiras a Ferrol para visitar los restos del desastre del Discoverer Enterprise, una plataforma petrolífera embarrancada como si hubiera querido simbolizar su futuro político: soltarse del muelle y romper puentes.

Pero todo eso fue antes. Ahora, Tellado es otra cosa. Es el látigo oficial del PP, la voz que no duda en subirse a cada charco con la precisión de un rinoceronte en patines. Su ascenso dentro del partido ha sido meteórico, no tanto por sus méritos académicos (esos que cambian según la web que mires), sino por su habilidad para manejar los hilos tras las cortinas y su verbo incansable de tertuliano que nunca leyó el manual de estilo.

Cuando se produjo el escándalo del falso currículum de Noelia Núñez, uno pensaría que los populares mantendrían un discreto perfil bajo. Pero no. Miguel, como buen cruzado de la limpieza institucional (ajena), salió espada en mano a exigir títulos, másteres, y partidas de nacimiento si hace falta. Fue entonces cuando Óscar Puente le recordó que en casa del herrero, el título de periodista es de hojalata.

Y aquí empieza el mejor giro de guión: Tellado, tan dispuesto a exhibir la titulitis ajena, optó por un sigiloso cambio de biografía. Sin nota de prensa, sin comunicado, sin tuit explicativo. Simplemente, ¡plof! El periodista desapareció. Y con él, la coherencia.

Puente, con el olfato fino de quien sabe detectar la hipocresía sin necesidad de microscopio, le dedicó una frase que debería tatuarse en la frente (o al menos en el despacho): “¿De darse tiros en el pie había alguna asignatura en la carrera? Porque sacarías matrícula”. Aplausos. No por el ingenio, sino por la puntería.

Lo que queda es un retrato perfecto del momento político que vivimos: un portavoz más preocupado por parecer que por ser, por acusar que por explicar, por cambiar el pie de foto que por rendir cuentas. Un equilibrista del relato que olvida que en tiempos de internet todo queda guardado, que lo que hoy se borra mañana vuelve en forma de pantallazo.

En el fondo, lo de menos es si Tellado es politólogo, periodista o carpintero de afición. Lo importante es que, cuando se trata de exigir transparencia, él prefiere mirar por la ventana. Pero si se trata de señalar al otro, entonces coge la lupa y la megafonía. Es una suerte de moral selectiva, con horario de oficina.

Así que la próxima vez que Miguel Tellado se lance a exigir títulos, diplomas o certificados, quizás convenga recordarle que los currículums no se borran como los tuits. Y que los portavoces, además de hablar, deberían poder sostener lo que dicen sin cambiar de pestaña.

Aunque bueno, para eso quizás sí hacía falta ser periodista. O al menos, parecerlo.