En pleno corazón de Ferrol, a escasos metros de una heladería muy frecuentada en la calle del Callao, una zanja sin protección pone en jaque no solo la integridad física de los viandantes, sino también la imagen de una ciudad que en verano se esfuerza por atraer al turismo. La escena, ilustrada con crudeza en la fotografía adjunta, habla por sí sola: una persona pisa donde antes hubo una rejilla —ahora desaparecida— y lo que encuentra es un hueco peligroso, flanqueado por restos de colillas, basura y negligencia.
En los últimos días, han sido varias las caídas registradas en este mismo punto, donde una simple caminata puede convertirse en una visita de urgencia al centro de salud. El caso más reciente, el pasado lunes, involucró a una mujer de edad que terminó desplomada sobre la acera al pisar una rejilla suelta. Horas más tarde, esa rejilla ya ni siquiera estaba: lo único que queda es un boquete que podría haber causado una desgracia mayor. La fotografía muestra con claridad cómo una zanja abierta, sin ningún tipo de señalización ni protección, es actualmente parte del mobiliario urbano en una ciudad que se jacta de su patrimonio histórico y atractivo turístico.
Ferrol ha acumulado denuncias por este tipo de fallos en la vía pública. Algunas han llegado incluso a los tribunales, como la protagonizada por una mujer que tropezó con una rejilla hundida frente al centro de salud Fontenla Maristany. En ese caso, aunque quedó demostrado que la viandante terminó en el suelo por un fallo evidente en la infraestructura urbana, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de Ferrol dictó que el Concello no debía pagar indemnización alguna. Una sentencia de 2023, que cambió la jurisprudencia y, en la práctica, abrió la puerta a que estas negligencias queden impunes desde el punto de vista económico.
La consecuencia: una ciudad donde las zanjas sin cubrir y las tapas sueltas ya no son solo una molestia, sino un peligro aceptado por las autoridades. Y mientras tanto, las víctimas suman y el silencio administrativo se mantiene.
Sería injusto no reconocer algunos avances promovidos en la ciudad bajo la gestión del Partido Popular. Se han reactivado proyectos de urbanismo paralizados durante años, se está trabajando en la mejora del paseo marítimo, y en ciertas zonas del centro histórico se han repuesto las estructuras metálicas de desagüe con elementos más seguros y resistentes. La política de dinamización turística también ha dado frutos: Ferrol ha logrado incrementar el número de visitantes este verano, con actividades culturales, ferias gastronómicas y un notable esfuerzo en la promoción del Camino Inglés.
Pero lo que se gana con una mano, se pierde con la otra. La imagen de turistas sorteando zanjas abiertas o tropezando con rejillas sueltas borra cualquier campaña institucional. No se puede construir una ciudad amable y atractiva para el visitante si al mismo tiempo se le está poniendo una trampa bajo los pies. Es inaceptable que en pleno 2025, con herramientas tecnológicas, presupuestos comunitarios y acceso a fondos europeos, el pavimento del centro de Ferrol presente este tipo de amenazas cotidianas.
La foto de un pie suspendido sobre un hueco sin protección no es solo una anécdota: es un símbolo de lo que ocurre cuando la dejadez se normaliza. ¿Qué hubiera pasado si ese pie fuera el de un niño? ¿O de una persona mayor? ¿Cuántos accidentes deben suceder para que se considere una emergencia lo que ya claramente lo es?
Y aún más grave es que las responsabilidades se diluyan con sentencias que escudan al Concello en tecnicismos legales. Si la justicia no protege al ciudadano, ¿quién lo hará? La política local no puede esconderse detrás de un fallo judicial para justificar la inacción. La obligación moral de proteger a los ferrolanos y a quienes visitan la ciudad va mucho más allá de un dictamen.
Es momento de actuar. De reponer las rejillas, de señalizar los tramos en mal estado, y de priorizar la seguridad peatonal por encima de cualquier otra consideración estética o presupuestaria. Es urgente reforzar la inspección del estado de aceras, canaletas y sumideros. Lo que está en juego no es solo la reputación del gobierno local, sino la integridad física de sus ciudadanos.
El Partido Popular de Ferrol tiene una oportunidad de demostrar que su apuesta por el desarrollo y la modernización de la ciudad no se queda en la superficie. Pero debe hacerlo rápido. Porque mientras se planifican nuevas inversiones, hay vecinos que tropiezan en las viejas trampas del olvido.
Y si todo falla, siempre queda la opción de repartir cascos y rodilleras en la oficina de turismo. Total, si no se repara el suelo, al menos que los visitantes vayan preparados para la aventura. Ferrol, ciudad de contrastes: puedes admirar un castillo del siglo XVIII y romperte un tobillo en una zanja del XXI. Una experiencia inolvidable, sin duda. Eso sí, bajo tu propio riesgo.