Frente a los muros del odio: La Exhortación de León XIV y la urgente defensa evangélica de los migrantes

Frente a los muros del odio: La Exhortación de León XIV y la urgente defensa evangélica de los migrantes

La Exhortación Apostólica del Papa León XIV, Dilexi te, llega en un momento crucial en el que Europa y España enfrentan graves tensiones por la crisis migratoria y la respuesta política que se está dando a este fenómeno. En este texto, el Papa hace un llamamiento fundamental para que la Iglesia y la sociedad actúen con amor, justicia, solidaridad, y respeto a la dignidad de los migrantes y refugiados. El documento condena con firmeza la cultura del descarte y la indiferencia hacia quienes buscan una vida digna, un mensaje que no puede estar más alejado de las políticas impulsadas por la ultraderecha, tanto en el plano nacional como internacional.

También, entre los cristianos, hay quienes se dejan “contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a  injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas”, En España, los partidos ultraconservadores, principalmente el Partido Popular y Vox, han adoptado posturas duras, restrictivas y a menudo xenófobas frente a la inmigración. Sus discursos, que criminalizan a los migrantes y alimentan el miedo y la exclusión, chocan frontalmente con las enseñanzas de León XIV, que recuerda que la exclusión y la deshumanización de los más vulnerables son pecados graves y obstaculizan la construcción de una sociedad justa y fraterna. Estos partidos politizan un drama humano urgente para ganar apoyos, sin importar el deterioro social y moral que provocan.

Pero la ultraderecha no solo cuenta con apoyo político sino también con ciertas voces dentro de la Iglesia que mantienen posturas radicales y conservadoras que desafían abiertamente el magisterio actual. Entre ellas destaca el obispo Juan Antonio Reig Pla, de Alcalá de Henares, conocido por su oposición frontal y abierta al Papa Francisco. No se ha limitado a criticar puntualmente sino que se ha posicionado contra la línea pastoral del pontífice, calificando su pontificado de “una Iglesia sin doctrina” y acusándolo de estar “esclavizado al espíritu del tiempo”. Reig Pla ha advertido que “este peligro es grave y si no se derrota, causa daños graves a la Iglesia”, evidenciando una resistencia radical dentro de la Iglesia a las reformas y a la acogida migratoria que promueven Francisco y León XIV.

Su lenguaje es profundamente conservador y excluyente. Por ejemplo, afirmó que “los que piensan desde niños que tienen atracción hacia personas de su mismo sexo… os aseguro que encuentran el infierno”, posicionándose en contra de las libertades individuales desde una perspectiva muy rígida y doctrinal. Además, denunció que España está sufriendo un “holocausto silencioso” por la cantidad de abortos, equiparándolo a los muertos en la Guerra Civil española, en una clara exaltación de un discurso que identifica el mal social con los cambios culturales y legales contemporáneos.

Reig Pla ha sido además crítico con el Concilio Vaticano II y la Transición española, afirmando que ambas etapas “han traído al enemigo al seno de la Iglesia” 

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha compartido una postura similar en la línea restrictiva respecto a la inmigración. En una entrevista en 2024, declaró con contundencia: “En España no caben todos. En España caben los que caben” y añadió: “No podemos decir buenistamente, sin fronteras, que vayan pasando porque no caben físicamente todos”. Sanz alerta sobre el riesgo de introducir “indeseados” en el país, refiriéndose a personas vinculadas al terrorismo o al tráfico ilícito, estigmatizando y mezclando de forma temeraria la inmigración con delincuencia organizada. Esta visión restrictiva coincide con la retórica de la ultraderecha en cuanto a la necesidad de poner criterios estrictos para la acogida.

El obispo de Alicante, José Ignacio Munilla, también ha estado señalado por su discurso alineado con posturas conservadoras. Ha vinculado la inmigración con la violencia, especialmente en el contexto de disturbios en Francia, y ha resaltado la obligación del migrante de respetar y contribuir al país que le acoge, subrayando la necesidad de un “principio de reciprocidad” en la convivencia cultural y religiosa. Sin embargo, su defensa de la libertad religiosa está subordinada a ese principio de reciprocidad, dejando claro que no considera “que todas las religiones son iguales” y enfatizando que “la verdad se propone, no se impone”. Munilla ha sido crítico con algunas iniciativas que buscan regularizar masivamente a inmigrantes sin papeles y ha adoptado un tono prudente frente a una acogida que juzga descontrolada.

Frente a estas posturas rígidas y excluyentes, teólogos y pensadores como José María Castillo y Xabier Pikaza ofrecen una lectura radicalmente evangélica y humana de la realidad migratoria. Castillo ha denunciado cómo la Iglesia en muchas ocasiones vive en contradicción, predicando un Evangelio que no se refleja en las prácticas institucionales, y reclama una Iglesia centrada en el Evangelio y en la humanización, especialmente en la acogida a los pobres y marginados. Según él, “la Religión mató a Jesús porque no soportaba su Evangelio”, señalando la necesidad imperiosa de volver a una fe vivida desde la misericordia y la justicia social.

Por su parte, Xabier Pikaza destaca la llamada del Evangelio a la hospitalidad sin límites, afirmando que “¡Somos ricos, tenemos comida! Podemos y debemos invitar a todos al convite de la vida”, resaltando la dimensión liberadora y universal del mensaje de Jesús frente a toda forma de exclusión y marginación. Su enfoque teológico subraya el valor redentor de la migración, entendida como una riqueza cultural y espiritual que puede enriquecer a las sociedades de acogida cuando se fomenta el diálogo y la integración auténtica.

León XIV, junto con estos aportes contemporáneos, formula una denuncia rotunda: las políticas y discursos de partidos como Vox y el Partido Popular, junto con ciertos sectores eclesiásticos vinculados a posturas ultraconservadoras, fomentan una cultura del descarte que viola la dignidad humana y daña la convivencia social, aferrándose a miedos infundados y prejuicios. Estos posicionamientos no solo desafían el mandato evangélico sino que ponen en riesgo la cohesión y el futuro de las sociedades democráticas.

En conclusión, la exhortación Dilexi te y el magisterio de estos teólogos evidencian la necesidad urgente de que la Iglesia y la sociedad se pronuncien y actúen con valentía para rechazar los discursos excluyentes y dar pasos reales hacia una cultura de acogida, fraternidad y justicia. Solo así podrá España y Europa sostener un proyecto social que respete la dignidad humana y haga tangible el amor misericordioso del Evangelio en tiempos críticos.

La fuerza y profundidad de este compromiso se ve reflejada en una frase que recuerda la historia y el corazón de la fidelidad: Ignacio Ellacuría, el teólogo mártir de los pobres salvadoreños, fue reconocido por su pueblo con palabras cargadas de afecto y pertenencia: “Ignacio Ellacuría no solamente está con nosotros, es uno de los nuestros.” Estas palabras las escuché de su propia voz en el Foro de la revista Encrucillada en Santiago de Compostela, un testimonio vivo del acompañamiento y la solidaridad que llama León XIV, y que la Iglesia debe abrazar con firmeza y convicción en el encuentro con los migrantes y los pobres.