Dilexi te: La opción preferencial por los pobres que transforma la Iglesia y el mundo

Dilexi te: La opción preferencial por los pobres que transforma la Iglesia y el mundo

La reciente encíclica Dilexi te del Papa León XIV reafirma con fuerza el papel central de los pobres en la misión cristiana, consolidando la opción preferencial por los pobres como piedra angular de la fe y la acción de la Iglesia. Este texto magisterial, que continúa la labor de su predecesor Francisco, no se limita a un llamado ético o social, sino que profundiza en lo espiritual, recordándonos que los pobres son el corazón vivo del Evangelio.

En consonancia con este magisterio, la Teología de la Liberación ha sido una voz profética en la defensa de esta opción. Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Ignacio Ellacuría y Torres Queiruga son referentes esenciales que enriquecen la comprensión de esta encíclica y la explicitan desde sus distintas perspectivas.

Para Gustavo Gutiérrez, el compromiso con los pobres es el fundamento mismo de la misión cristiana. La pobreza no es solo una situación de necesidad, sino una consecuencia de estructuras injustas que esclavizan a los más vulnerables. La fe, en este sentido, se traduce en un compromiso activo por la liberación integral de los oprimidos: la opción por los pobres es la opción misma por Cristo hecho carne en ellos.

Desde otra óptica, Leonardo Boff aporta la imprescindible dimensión ecológica que la encíclica no deja de lado. Nos recuerda que la defensa de los pobres va de la mano con la defensa de la Tierra, pues los más pobres son también los que más sufren el daño ambiental. Su voz insiste en que no se puede concebir un camino hacia Dios ni una esperanza verdadera sin justicia social y ambiental. El cuidado de los pobres y de la naturaleza son caminos inseparables de una fe coherente.

El testimonio de Ignacio Ellacuría ejemplifica la encarnación radical del Evangelio en la defensa de los pobres. Mártir y pensador, Ellacuría afirmó que no basta con estar simplemente “al lado” de los pobres, sino que es necesario asumir con ellos un compromiso efectivo y real, convirtiéndose en parte inseparable de su causa y lucha. En Santiago de Compostela expresó que los pobres dijeron de él: “No solamente está con nosotros, es uno de los nuestros.” Más que un acompañamiento pasajero, Ellacuría se hizo cargo de su causa, asumiendo responsablemente el compromiso político y ético de transformar las estructuras que generan exclusión y pobreza.

El mensaje se enriquece con la reflexión de Torres Queiruga, quien sostiene que la pobreza no es solo una realidad social que exige respuestas humanitarias o políticas, sino una experiencia profunda de fe. Para Queiruga, la relación con los pobres introduce a la comunidad cristiana en la dinámica del Evangelio vivido como liberación y esperanza. Esta espiritualidad encarnada transforma a la Iglesia en un espacio donde la justicia social y el respeto a la dignidad humana sean realidades palpables y comprometidas.

La encíclica Dilexi te recoge esta tradición y la actualiza, haciendo un llamado a la Iglesia para que su compromiso con los pobres sea una prioridad radical y visible en todos sus ámbitos. No se trata solo de actos de caridad o asistencia, sino de un cambio profundo que busque remover las causas estructurales de la pobreza y garantizar la dignidad plena de cada persona. León XIV denuncia con claridad que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria en la Iglesia y la sociedad, siempre y cuando la comunidad logre liberarse del egoísmo y la autorreferencialidad que bloquean la escucha del grito de los excluidos.

El Papa advierte que, aunque en las últimas décadas se ha avanzado en esta materia, el compromiso sigue siendo insuficiente y se debe intensificar hasta erradicar las causas profundas de la pobreza. Además, el documento remarca que el amor a los pobres no es solo una práctica ética sino una dimensión doctrinal inseparable de la fe en Cristo.

El texto también integra una fundamentación bíblica e histórica, destacando que la opción por los pobres no es una novedad, sino una herencia milenaria presente en la revelación de Dios y en la vida de Jesús de Nazaret. El Papa subraya que “los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo”, lo que implica una relación que no puede reducirse a una mera actividad caritativa sino que exige una atención prioritaria y espiritual.

A través de toda la exhortación, León XIV situa a los pobres como sujetos activos, capaces de crear su propia cultura y evangelizar a quienes los acompañan, lejos de considerarlos objetos pasivos de beneficencia. Esta perspectiva recupera también el legado de santos, religiosos y movimientos populares que a lo largo de la historia encarnaron este compromiso y muestra que la misericordia cristiana es inseparable de la justicia.

En definitiva, Dilexi te no solo proclama un compromiso, sino que es un desafío a que la Iglesia y toda la sociedad se transformen para que la opción por los pobres sea el centro de un nuevo humanismo cristiano. Solo así se construirá una comunidad donde los excluidos sean verdaderamente acogidos y valorizados.

Como lo expresó Ignacio Ellacuría, el compromiso con los pobres implica mucho más que acompañarlos: «hacerse cargo» de su causa, asumiendo el compromiso político y ético de transformar las estructuras que generan exclusión y pobreza. Y recordando sus palabras en Santiago de Compostela, los pobres dijeron de él: “No solamente está con nosotros, es uno de los nuestros.”

Este llamado a la conversión profunda es urgente y necesario en un mundo marcado por la desigualdad y la exclusión. La encíclica León XIV nos recuerda que toda fe auténtica se mide por la capacidad de amar y servir a los pobres, reconociéndolos como rostro vivo y privilegiado de Cristo.