El PSOE de Ferrol, en guerra consigo mismo: más palos en las ruedas que proyecto de ciudad

El PSOE de Ferrol, en guerra consigo mismo: más palos en las ruedas que proyecto de ciudad

Ferrol no necesita más ruido interno. No necesita más batallas de poder. No necesita más guerras de egos en un partido que lleva años mirando más al ombligo de sus disputas que al rostro de los ciudadanos. Sin embargo, el PSOE ferrolano vuelve a las andadas.

Este domingo, su militancia está llamada a decidir entre dos nombres: Ángel Mato y Bruno Díaz. Y detrás de los nombres, un partido fracturado, sin liderazgo fuerte, sin ilusión renovada y, lo más preocupante, sin proyecto real para Ferrol.

Tras años de declive, donde las mayorías absolutas quedaron como un recuerdo borroso, el socialismo local ha sido incapaz de recomponerse. La fragmentación ha sido su seña de identidad. Primero fue Beatriz Sestayo, luego Mato. Ahora, Bruno Díaz vuelve del pasado para disputarle el timón. ¿Y Ferrol? Bien, gracias.

Mato quiere repetir. Bruno se presenta como la alternativa al “continuísmo”. Ambos parecen tener más claro cómo hacerse con el poder que cómo levantar una ciudad que lleva demasiado tiempo en el suelo.

La candidatura de Díaz reabre heridas, no caminos. Fue concejal entre 2015 y 2019 en una etapa convulsa. Su “proxecto coral” suena más a reencuentro de viejas glorias que a innovación real. Nada nuevo bajo el sol del socialismo ferrolano.

Y es que el PSOE de Ferrol no cambia: si no hay una lucha interna, no hay movimiento. Si no hay división, no hay emoción. La política como circo, y el ciudadano como espectador hastiado.

El censo da vergüenza: 237 militantes. Una cifra que retrata el tamaño del agujero en el que se ha metido el partido. Y aún así, se comportan como si estuvieran decidiendo el futuro de media Galicia. Mucha Casa do Pobo, pero poco contacto con el pobo real.

¿Dónde está el proyecto para Ferrol? ¿Dónde la estrategia para generar empleo, combatir la despoblación, revitalizar la industria naval? Nadie lo sabe. Lo que sí está claro es quién cena con quién, quién traiciona a quién y quién lleva más tiempo agarrado a la silla. Las prioridades, como siempre, en orden inverso.

Y mientras tanto, Ferrol sigue esperando liderazgo real. Porque mientras unos se reparten los restos del partido como si fuera un club privado, hay quien, como Rey Varela, sigue pisando la calle, escuchando al vecino, proponiendo soluciones y, lo que es más raro en la política local, cumpliendo con lo que promete. Puede gustar más o menos, pero ahí está: con proyecto, con presencia, con resultados visibles. Mientras Mato y Díaz se enredan en asambleas y equilibrios de poder, Varela planta cara a los problemas de Ferrol con la seriedad que otros reservan para sus guerras internas. Este domingo habrá urnas, selfies y discursos inflamados sobre “unidad”, “renovación” y “ilusión”. Pero ilusión es lo que despierta quien trabaja, no quien se pelea por la silla. Los titulares están listos. Lo que no está listo —y no por culpa de todos— es el PSOE. Ferrol sí quiere avanzar. Y cada vez mira más hacia donde hay dirección, no división.

Pero, bueno, tampoco seamos duros del todo. Al fin y al cabo, no todos los días se organiza una fiesta democrática con 237 invitados y dos bandas tocando la misma canción. Ángel Mato, el eterno “yo no fui, fue Sestayo”, quiere repetir al frente. Bruno Díaz, versión 2.0 del socialismo vintage, dice venir con ideas frescas. ¿Ideas? Tal vez. ¿Frescas? Difícil en un cuarto cerrado donde todos se conocen desde hace 20 años.

Si el PSOE de Ferrol quiere seguir siendo útil, debe dejar de verse como una corte de intrigas y volver a ser un partido. Pero visto lo visto, lo más probable es que, gane quien gane, el lunes por la mañana alguien ya esté preparando la próxima guerra. Porque aquí el cambio no se vota, se sabotea. Y eso, por lo menos, lo hacen con maestría.