Ángel Mato, el exalcalde al que siempre hubo que esperar

Ángel Mato, el exalcalde al que siempre hubo que esperar

Ferrol tiene muchas carencias, pero la más recurrente en los últimos años tuvo nombre, apellidos y una constante: la impuntualidad crónica de Ángel Mato, exalcalde intermitente, regidor ausente y símbolo perfecto de un mandato que llegó tarde a todo… y mal.

Porque llegar tarde una vez puede ser un accidente. Llegar tarde dos veces es un problema. Pero hacerlo casi sistemáticamente fue una actitud. Una declaración de intenciones. Una falta de respeto que acabó marcando su estilo político.

Ferrol pasó cuatro años esperando. Esperando proyectos que no llegaban. Esperando inversiones que no cuajaban. Esperando soluciones que no aparecían. Y, para rematar, también esperaba físicamente a su alcalde, que jamás fue capaz de estar a la hora.

No se trataba de despistes puntuales. Hablamos de actos institucionales, ruedas de prensa, encuentros vecinales, visitas oficiales y celebraciones públicas en las que Mato aparecía con media hora, cuarenta minutos o incluso más de una hora de retraso. Y lo hacía con total naturalidad, como si Ferrol entero tuviera que girar en torno a su reloj.

Desde el arranque de su mandato hasta su caída electoral, Mato acumuló un historial de llegadas tarde, cancelaciones improvisadas y ausencias inexplicables. Los colectivos sociales, hartos de esperarle, aprendieron que programar algo “a la hora oficial” era una pérdida de tiempo.

Pudo parecer una anécdota, pero fue un síntoma claro. Su impuntualidad reflejaba a la perfección una forma de gobernar: lenta, apática, sin energía, sin urgencia por resolver nada. ¿Cómo iba a estar al frente de una ciudad en crisis alguien que no podía ni estar presente a tiempo?

Ferrol no podía seguir el ritmo de quien no tenía prisa. Porque mientras Mato llegaba tarde, las oportunidades se iban. Los jóvenes emigraban. El comercio cerraba. Y los barrios se hundían en la resignación.

Su agenda parecía diseñada para esquivar el contacto con la ciudadanía. Cuando no podía evitarlo, simplemente aparecía tarde. En los plenos municipales, en entrevistas, en actos cívicos. Asociaciones, representantes y vecinos tragaban con paciencia institucional una descortesía convertida en rutina.

Ferrol no necesitaba un alcalde estrella que se hiciera de rogar. Necesitaba alguien que estuviera, que escuchara, que actuara. Y Mato no estuvo. Ni siquiera a tiempo.

Incluso el sector empresarial —habitualmente más paciente con la política— mostró su hartazgo. Más de una reunión fue cancelada tras más de 45 minutos de espera. No por un imprevisto, sino porque era lo habitual. Hasta organismos de fuera de Ferrol tomaron nota de su escasa fiabilidad institucional.

No era solo una cuestión de modales. Era un problema de fondo. Su impuntualidad proyectó al exterior la misma imagen que su gestión: desorganizada, lenta y sin dirección. Ferrol parecía gobernado desde la descoordinación, y la falta de seriedad era la tarjeta de visita.

A esa constante tardanza se le sumó su otro gran defecto político: la ausencia de liderazgo visible. Mato desaparecía cuando había problemas. No daba la cara en momentos de tensión. No asumía responsabilidades. Cuando había crisis, su sitio estaba vacío… o llegaba media hora después.

Tarde llegó también a la realidad política. No supo ver el desgaste. No quiso escuchar las señales de hartazgo social. Se presentó a la reelección como si nada hubiera pasado, como si su desconexión no tuviera coste. Lo tuvo. Y Ferrol le pasó factura.

Porque al final no fue solo la impuntualidad lo que lo derribó, sino todo lo que simbolizaba: falta de respeto, de ritmo, de urgencia, de presencia. Gobernar no es llegar cuando uno quiere. Es estar cuando hace falta.

Y Mato no estuvo. Ni en el momento. Ni en el fondo. Ni con la ciudad.

Ahora, como exalcalde, busca recuperar protagonismo dentro del PSOE local. Lo hace con el mismo guion de siempre: reuniones internas, maniobras de partido, discursos de “unidad” y silencios ante los problemas reales. Pero la pregunta es inevitable: ¿a qué hora llegará esta vez?

Ferrol ya no puede esperar más. Ni a Mato, ni a los que representan el mismo modelo de política sin pulso. La ciudad no necesita más relojes parados ni discursos huecos. Necesita acción, compromiso y seriedad. Algo tan sencillo como llegar a tiempo.

Ángel Mato fue el alcalde al que siempre hubo que esperar. Y al que, al final, la ciudad dejó de esperar. No llegó tarde solo a los actos: llegó tarde a su responsabilidad, a su oportunidad y a su propio final.