“Cinismo en estado puro: el PSOE critica lo que nunca supo gestionar”

“Cinismo en estado puro: el PSOE critica lo que nunca supo gestionar”

Las recientes críticas del grupo municipal del PSOE a la modificación de crédito de 10 millones de euros suenan más a teatro político de baja estofa que a una aportación seria al debate sobre la gestión pública. Ángel Mato, portavoz socialista y exalcalde, ha calificado la operación como un «fracaso» y ha acusado al gobierno local de «absoluta incapacidade para planificar». Pero si algo deja en evidencia esta intervención es el grado de cinismo al que está dispuesto a llegar el PSOE para rascar titulares, aunque sea a costa de su propio historial de fracasos.

Porque si algo sabe bien el Partido Socialista es cómo destrozar unas cuentas públicas. Cuando Mato estuvo al frente del Concello, la ejecución presupuestaria fue aún más raquítica que la que ahora denuncia. Promesas incumplidas, inversiones que jamás se concretaron, obras eternamente paralizadas y una gestión gris, lenta y desmotivada. ¿Con qué autoridad habla ahora? ¿Desde qué pedestal moral se atreve a dar lecciones quien tuvo en sus manos la oportunidad de transformar el municipio y no hizo más que estancarlo?

Que el PSOE venga ahora a denunciar la existencia de 56 modificaciones presupuestarias suena a chiste si uno recuerda que, durante sus años de gobierno, esas maniobras eran una práctica habitual, sin que jamás ofrecieran soluciones de fondo ni transparencia en la ejecución. La diferencia es que ahora, cuando están en la oposición, se rasgan las vestiduras y hacen discursos grandilocuentes como si acabaran de descubrir la pólvora. Oportunismo puro. Memoria selectiva. Poses de salón.

La crítica a la inclusión de partidas como socorristas, alumbrado navideño o pintado de viales es especialmente ridícula. ¿Acaso el PSOE cree que esos servicios no deben prestarse? ¿O simplemente buscan cualquier excusa para atacar, aunque sea a costa de caer en el absurdo? Porque no se trata de si estas partidas son necesarias —que lo son—, sino de que el PSOE pretende hacer creer que todo gasto municipal que no figure en la primera versión del presupuesto es automáticamente un síntoma de caos. Es falso y ellos lo saben. Pero en esta etapa de decadencia política, parece que todo vale para sacar la cabeza entre tanto descrédito.

Y hablando de descrédito: el PSOE de Mato es también el PSOE de la parálisis, el de los contratos vencidos, el de la plantilla desmotivada, el de los barrios olvidados y las promesas eternas. No puede borrarse con una rueda de prensa lo que fueron años de gobierno anodino, de pasividad institucional, de proyectos fantasma. Su paso por la alcaldía dejó un sabor amargo y un balance mediocre. Y si hoy están en la oposición, es precisamente porque la ciudadanía los castigó por su falta de visión, de pulso y de capacidad ejecutiva.

Ahora, en lugar de hacer autocrítica o aportar soluciones, prefieren la crítica destructiva, confiando en que nadie recuerde su propio historial. Pero el problema para el PSOE es que los vecinos sí recuerdan. Recuerdan los anuncios de inversiones que nunca llegaron. Recuerdan la lentitud exasperante de los trámites. Recuerdan las quejas de los colectivos sociales sin respuesta. Recuerdan a un PSOE desaparecido cuando había que gobernar, pero muy activo ahora que solo hay que protestar.

Es evidente que el gobierno local actual tiene mucho que mejorar. Las modificaciones de crédito deberían reducirse al mínimo, planificar mejor y ejecutar más rápido. Pero que el PSOE venga a dar lecciones es como si un pirómano acusara a otro de jugar con fuego. Si algo ha caracterizado a los socialistas en este municipio es su alergia al trabajo eficaz y su afición al discurso vacío.

Lo más grave es que con su actitud obstruccionista, el PSOE no está ayudando a mejorar la gestión municipal. Solo intenta desgastar al adversario sin aportar nada constructivo. No hay una sola propuesta concreta en sus declaraciones, solo quejas generalistas y dramatismos de plató. No hay intención de mejorar los servicios ni de colaborar en la solución de los problemas reales de los vecinos. Solo hay un objetivo: seguir vivos políticamente, aunque sea alimentando el desencanto y el ruido.

La ciudad no necesita más actores ni más teatrillos partidistas. Necesita soluciones, acuerdos y compromiso con el futuro. El PSOE ha demostrado que prefiere la crítica fácil al trabajo duro. Y así, difícilmente podrá recuperar la confianza perdida.