Ferrol en vía muerta: la traición ferroviaria del Estado y la cobardía política de Mato

Ferrol en vía muerta: la traición ferroviaria del Estado y la cobardía política de Mato

La situación del tren en Ferrol ha dejado de ser simplemente insostenible: es una humillación en toda regla. El abandono al que está sometida esta ciudad en materia ferroviaria es un atropello histórico que, lejos de corregirse, se profundiza con cada nueva decisión del Ministerio de Transportes. La inminente supresión del último tren directo con Madrid es la gota que colma un vaso que rebosa desde hace casi dos décadas. Pero lo más indignante no es solo el abandono: es la traición disfrazada de prudencia, la desidia institucional y, lo que es peor, la complicidad de ciertos representantes políticos locales que deberían estar defendiendo a Ferrol con uñas y dientes. Ángel Mato, portavoz del PSOE en el Concello, es el símbolo de esa cobardía política.

Ferrol quedó fuera del Eje Atlántico de alta velocidad en 2006. ¿La razón oficial? Las alegaciones de algunos sectores en el área coruñesa y en Ferrolterra. ¿La consecuencia? Una ciudad entera condenada al ostracismo ferroviario, relegada a un trazado de 1913, con frecuencias ridículas y sin tan siquiera revisores a bordo que contabilicen la demanda real del servicio. Este no es un simple retraso: es una exclusión deliberada. Y lo que es aún más grave: han pasado casi 20 años y el Estado sigue actuando como si Ferrol no existiera.

La reciente reunión entre los portavoces municipales y el Ministerio de Transportes es una nueva escena del teatro de la vergüenza. Año y medio esperando para una cita de una hora, donde no se concretó ni una sola inversión, ni un solo plazo, ni una obra tangible. Todo se limitó a buenas palabras y una promesa más: otra reunión. Ferrol ya no necesita promesas. Necesita vías electrificadas, frecuencias competitivas, y una conexión digna con Madrid, con Galicia y con Europa.

En este escenario de abandono, es incomprensible que desde el PSOE ferrolano se ataque más al gobierno local que a quienes desde Madrid están ejecutando el desprecio. Ángel Mato ha criticado duramente al alcalde por llevar a Madrid una propuesta de la Xunta. ¿Qué esperaba? ¿Que fuera con los brazos cruzados? ¿Que se quedara en casa esperando a que el Ministerio, por arte de magia, recordara que Ferrol existe?

Mato se atreve a despreciar una propuesta que plantea una inversión de 259 millones de euros —una cifra inédita en décadas— para la modernización del trazado hasta A Coruña, incluyendo la electrificación, la duplicación de vía y el bypass de Betanzos. Mato llama a eso “un documento de mínimos”. Pero lo que es realmente mínimo es su ambición, su implicación, su valentía. En vez de poner el grito en el cielo por la eliminación del tren a Madrid, Mato se dedica a afear la gestión de otros. La lealtad con su partido ha pasado por encima de su lealtad con Ferrol.

Y es aquí donde se ve el problema de fondo. Ferrol necesita unidad y firmeza para exigir al Estado lo que le corresponde, no un portavoz socialista que actúe de delegado del Ministerio. Cuando Mato dice que “todo lo que no sea una conexión con tiempo de viaje de media hora es renunciar”, está poniendo la vara de medir a una altura que ni él mismo cree posible, porque sabe que hoy ni eso ni lo otro está sobre la mesa. Lo que sí hay son propuestas técnicas y presupuestos concretos. Lo demás son eslóganes vacíos, tan estériles como peligrosos.

Desde el Foro Cidadán polo Ferrocarril hasta los portavoces del BNG y Ferrol en Común, pasando por el propio alcalde Rey Varela, hay una demanda clara, razonada y concreta: modernización inmediata del trazado, electrificación, aumento de frecuencias y una planificación realista a medio plazo para que Ferrol deje de ser el agujero negro ferroviario de Galicia. ¿Tan difícil es sumar fuerzas?

Si algo quedó claro tras la reunión con el Ministerio es que Ferrol no está en la agenda del Gobierno central. No hay intención de corregir el agravio, no hay inversión prevista, y ni siquiera hay urgencia. Lo que hay es desdén. Pero ese desdén se convierte en complicidad cuando desde el propio Concello hay voces que en vez de empujar, estorban; que en vez de exigir, atacan al que intenta abrir la puerta.

Ferrol se muere en las vías, y quienes deberían levantar la voz, la bajan para no molestar. El caso del tren no es un problema técnico, es un síntoma de una enfermedad política que consiste en acostumbrarse a la marginación. No podemos permitirlo.

El tiempo de las promesas ha terminado. Ferrol exige inversiones, electrificación, modernización, y sobre todo, respeto. Y el respeto empieza por nuestros propios representantes. No hay excusas. No hay perdón para quienes se ponen de perfil. Y no hay futuro sin tren. Quien no lo entienda, que se baje del vagón.