“Hospitalidad Negada: Una Lectura Inclusiva del Relato de Sodoma”

“Hospitalidad Negada: Una Lectura Inclusiva del Relato de Sodoma”

El relato de Sodoma y Gomorra, especialmente el episodio de Lot en Génesis 19, ha sido uno de los textos bíblicos más polémicos en relación con la homosexualidad. Tradicionalmente interpretado como una condena a las relaciones entre personas del mismo sexo, este pasaje ha sido utilizado durante siglos para justificar actitudes discriminatorias. Sin embargo, una relectura crítica y progresista del texto revela una perspectiva muy distinta, más centrada en la hospitalidad, la justicia social y la dignidad humana que en la sexualidad como tal.

La historia comienza cuando dos mensajeros —descritos como “ángeles”— llegan a Sodoma y son recibidos por Lot, quien insiste en ofrecerles hospedaje. La hospitalidad era un valor sagrado en el antiguo Oriente Medio. Rechazarla, o peor aún, violentarla, no solo era visto como una falta de cortesía, sino como una ruptura de la estructura moral que sostenía la convivencia social.

En ese contexto, la acción de los hombres de Sodoma, que rodean la casa y exigen que los forasteros sean entregados para ser “conocidos”, representa una amenaza directa al orden ético. Es fundamental entender que lo que se denuncia en el relato no es una orientación sexual, sino una práctica de violencia colectiva, de humillación mediante la agresión sexual.

El acto de “conocer” no implica deseo o afecto, sino dominación y sometimiento. Es una forma brutal de ejercer poder sobre el extranjero. Este acto no tiene nada que ver con una relación amorosa entre personas del mismo sexo, sino con la destrucción de la dignidad ajena.

La reacción de Lot, quien ofrece a sus hijas en lugar de los visitantes, es profundamente perturbadora. Esta escena expone la lógica patriarcal de su tiempo, donde las mujeres eran vistas como moneda de cambio para preservar el honor familiar.

Un enfoque progresista reconoce que la Biblia está escrita desde y para contextos humanos concretos, con sus luces y sombras. No es un manual atemporal, sino una colección de testimonios que deben ser interpretados a la luz del amor, la justicia y la compasión.

En los profetas, el pecado de Sodoma se describe con otros matices. En Ezequiel 16:49, se dice que la falta de Sodoma fue su arrogancia, su indiferencia ante el pobre y el necesitado. Esto refuerza que la condena es ética, no sexual.

Desde una ética cristiana inclusiva, el texto interpela a cómo nuestras comunidades reciben al diferente. El mensaje de fondo es una advertencia contra el abuso de poder, contra la cultura del desprecio y la violencia.

Hoy, ese “otro” puede ser la persona migrante, el pobre, o también la persona LGBTQ+, a menudo marginada y atacada con pretextos religiosos. Cuando comunidades religiosas usan este pasaje para condenar, están haciendo una lectura literalista y desvinculada del contexto histórico.

Usar el poder para excluir es repetir el pecado de Sodoma. Una interpretación fiel al evangelio no puede apoyarse en el odio ni en la exclusión.

El Dios que se revela en la Escritura es el Dios que escucha al oprimido, que se identifica con el forastero, la viuda, el marginado. El mensaje cristiano está llamado a ser espacio de acogida, de dignidad restaurada, de amor liberador.

Así, lejos de ser una condena a la homosexualidad, el relato de Sodoma es una denuncia del abuso, del poder que oprime a quienes son distintos. Leerlo desde una ética progresista es abrir los ojos a una verdad más profunda: la hospitalidad y la compasión están en el corazón del mensaje bíblico.

Lejos de ser un alegato contra la orientación sexual, el relato de Sodoma es una denuncia profética contra la deshumanización del otro. Es un texto que apunta al uso de la violencia como control social, al desprecio por el extranjero, y a una sociedad que ha olvidado los valores de justicia y hospitalidad. Esa es la verdadera transgresión.

Usar este pasaje como arma contra las personas LGBTQ+ es una tergiversación del texto y una traición al mensaje bíblico. En Jesús, los cristianos encuentran a un maestro que rompía las barreras de exclusión y nunca condenó el amor entre iguales.

La fidelidad al evangelio está en encarnar el espíritu de misericordia y dignidad, no en repetir literalmente las normas de sociedades antiguas. Una comunidad de fe se define por su capacidad de amar sin condiciones. Cuando se usa Génesis 19 para excluir, se convierte en una nueva Sodoma: inhóspita, violenta, cerrada al otro.

El reto para una lectura progresista no es solo reinterpretar, sino vivir el texto desde el corazón del mensaje cristiano. Y ese corazón late con una sola ley: el amor. Todo lo que no nace de esa fuente, no es de Dios.