La Diócesis de Almería ha dado un paso valiente y necesario al transformar el antiguo Seminario Menor en un espacio de formación sociolaboral para jóvenes migrantes que ya llevan años asentados en la provincia. Esta iniciativa, impulsada por el obispo Antonio Gómez Cantero, es un claro ejemplo de compromiso cristiano y social ante una realidad urgente y compleja.
El propio obispo resumió el espíritu de este proyecto con una frase contundente: “Si hace falta, me vengo a vivir con ellos”, una declaración que no solo refleja su compromiso personal sino la apuesta firme de la Iglesia almeriense por la integración y el acompañamiento. Este centro ofrecerá formación reglada y acompañamiento continuo para facilitar la inserción laboral y social de estos jóvenes adultos, muchos de los cuales trabajan ya en sectores como la agricultura y la hostelería, pero necesitan oportunidades para avanzar y desarrollarse plenamente.
En el Evangelio, Jesús nos enseña: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber. Estuve forastero y me recibisteis” (Mateo 25,35). Esta enseñanza cobra vida en Almería, donde se busca no solo acoger, sino acompañar y capacitar a quienes buscan un futuro digno. La Iglesia, lejos de mirarlos con miedo o recelo, les ofrece un hogar para formarse, crecer y aportar a la sociedad.
No se trata de menores no acompañados ni personas con antecedentes penales, como se ha especulado sin pruebas. Son jóvenes adultos comprometidos con su futuro, a quienes se da la oportunidad de homologar sus conocimientos y adquirir formación profesional en áreas diversas como la construcción, la logística o la dependencia, incluyendo cursos oficiales con certificación.
El proyecto cuenta con el respaldo del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), cuyo director, Daniel Izuzquiza, ha subrayado que la idea es “acompañar procesos personales y comunitarios, no solo repartir títulos”. Esto añade riqueza y profundidad a la iniciativa, convirtiendo el antiguo seminario en un verdadero espacio de encuentro y crecimiento.

Esta propuesta trae a la memoria las palabras y el legado de Jacques Gaillot, el obispo francés fallecido que fue un pionero en la defensa de migrantes y excluidos. Gaillot siempre sostuvo que la fe sin obras está muerta, y en Almería esta verdad se concreta con hechos. Asumir la misión de acompañar a los vulnerables no es opcional para una Iglesia fiel al Evangelio, sino una exigencia.
La Comunidad de religiosas de la Congregación de Cristo Jesús también juega un papel importante, ya que vivirán en el centro para acompañar a los jóvenes y garantizar un ambiente humano, espiritual y fraterno. Así se refuerza la dimensión integral del proyecto, que no solo ofrece formación técnica, sino también un lugar de acogida y contención.
El obispo ha querido tranquilizar a los vecinos y a la comunidad educativa cercana, asegurando que “nadie va a saltar al Colegio Diocesano” y que las infraestructuras del seminario, con murallas de hasta cinco metros, garantizan la seguridad. Además, el proyecto se sostiene gracias a una generosa donación anónima de diez millones de euros que permite rehabilitar el edificio adecuadamente.
Este programa se presenta, pues, como una “propuesta contra protesta”, una respuesta creativa, necesaria y profundamente evangélica que da vida a un espacio cerrado y silencioso desde hace años. La Diócesis apuesta por convertirlo en un puerto seguro donde quienes han sufrido la migración encuentren orientación, formación y esperanza.
Xabier Pikaza, teólogo y pensador, ha señalado que “El Evangelio no es solo un libro para leer, sino una fuente para vivir y actuar, especialmente en favor de los que sufren”. Su mensaje es una invitación a que la fe cristiana se traduzca en acciones de justicia y solidaridad con los que están en las periferias, como es el caso de estos jóvenes migrantes.
Históricamente, la Iglesia ha estado “siempre allí donde hay necesidad”, acompañando a los más vulnerables y buscando caminos para que puedan crecer en dignidad y esperanza. Este proyecto reafirma ese compromiso, recordándonos que la verdadera comunidad cristiana se construye tendiendo la mano con generosidad y valentía.
En definitiva, el Seminario de Almería se convierte en un símbolo de la Iglesia que quiere ser hogar y puente, que no teme asumir retos sociales complejos y que entiende que el Evangelio manda a acoger y transformar la realidad desde el amor y la justicia.
Se abre así un espacio de futuro para miles de personas, un lugar donde la integración es protagonista y donde la fe se hace vida concreta. Que esta iniciativa sea ejemplo y estímulo para toda comunidad que busque vivir el Evangelio con coherencia, compromiso y esperanza.