Constantino Bada: Un faro de fe, cercanía y humanidad frente al vandalismo y la falta de respeto

Constantino Bada: Un faro de fe, cercanía y humanidad frente al vandalismo y la falta de respeto

Vivimos tiempos difíciles, en los que los robos, los actos de vandalismo y la ausencia total de respeto por los espacios sagrados parecen crecer con fuerza en una sociedad que va perdiendo valores fundamentales. Resulta desgarrador escuchar noticias como la que recientemente compartió el sacerdote Constantino Bada, quien con dolor pero también con serenidad nos hizo partícipes de una situación que no deja indiferente a nadie: el robo y la profanación del Sagrario, además de los múltiples daños materiales que quedaron tras el paso de quienes, por un puñado de euros, no dudaron en atentar contra la dignidad de la fe y contra el esfuerzo de toda una comunidad.

No se trata solo de un robo. No es únicamente el daño económico o los destrozos causados. Es mucho más profundo. Es un reflejo de un mundo en el que ya no se respeta ni siquiera lo más sagrado, en el que las manos frías del interés personal son capaces de arrancar de su casa al propio Señor, dejando vacío el Sagrario que para tantos es símbolo de vida y esperanza. Es un acto que entristece y que, al mismo tiempo, nos interroga: ¿cómo hemos llegado a este punto? ¿Qué falta de conciencia lleva a algunos a cometer hechos tan miserables?

Pero frente al dolor y a la indignación, también es necesario reconocer y poner en valor la figura de personas como Constantino. Porque no es un sacerdote más, no es una voz que se escucha de vez en cuando sin alma ni calor. Al contrario, quienes lo seguimos sabemos que es un hombre trabajador, incansable, entregado a sus parroquias y a la gente, siempre disponible, siempre en movimiento, siempre con esa palabra justa que da ánimo y reconforta. Es un sacerdote que no conoce el descanso cuando se trata de acompañar, de estar cerca de los demás, de tender la mano a quienes más lo necesitan.

Su inquietud por los demás es algo que se percibe en cada publicación, en cada mensaje, en cada acción. No se limita a cumplir con un horario ni con unas obligaciones mínimas: Constantino va más allá, porque su vocación es auténtica, profunda y sincera. Es un hombre que vive para servir, para escuchar, para dar luz en los momentos oscuros. Y eso no se puede decir de cualquiera.

También es necesario destacar su cercanía, esa capacidad tan poco común de hacer sentir a cada persona que importa, que cuenta, que es parte de una comunidad viva. En sus palabras no hay frialdad ni distancia, sino humanidad, calor y proximidad. Ese estilo tan suyo, que muchos valoramos y que tantos seguimos en Facebook, es un bálsamo y una inspiración. Me gusta su manera de ser, porque es auténtica y transparente, porque no hay máscaras ni artificios, porque habla con el corazón y porque transmite lo que lleva dentro: fe, esperanza y amor por los demás.

Resulta especialmente conmovedor que, incluso en un momento de disgusto tan grande como el que le ha tocado vivir, sepa reconocer con gratitud la labor de la Guardia Civil y de la policía judicial, y que encuentre consuelo en el hecho de que nadie resultase dañado físicamente. Eso dice mucho de él: incluso cuando el golpe es duro, cuando el robo afecta a lo más sagrado, sigue mirando con esperanza, agradeciendo el bien que aún queda, valorando la seguridad de los demás por encima de su propio dolor. Eso es lo que distingue a las personas grandes: la capacidad de poner el foco en los otros antes que en sí mismos.

Es por eso que hoy quiero hacer una gran alabanza a Constantino Bada, porque no solo es un sacerdote que cumple con su misión religiosa, sino un hombre sociable, abierto, entregado, un verdadero pastor que acompaña con el ejemplo y con la palabra. El mundo necesita personas como él, que luchen contra la indiferencia con las armas de la fe y de la humanidad, que nos recuerden que la esperanza sigue viva a pesar de los golpes, que la bondad no desaparece a pesar de la maldad de algunos.

En estos tiempos de vandalismo, de falta de valores y de respeto, de ataques a lo sagrado y a lo comunitario, personas como Constantino se convierten en un faro que ilumina en medio de la oscuridad. Él es capaz de transformar el dolor en una llamada a la reflexión, de convertir la pérdida en una oportunidad para unir a la comunidad, de enseñar que no todo está perdido mientras haya quien crea, quien luche y quien siga confiando en el bien.

Por eso, hoy más que nunca, me solidarizo con él, con este gran hombre, con este sacerdote admirable, y le hago llegar todo mi apoyo, mi solidaridad y también mi admiración. No es justo lo que ha sucedido, ni es justo que tengan que sufrir este tipo de actos quienes solo buscan hacer el bien. Pero también es cierto que cada golpe, cada disgusto, pone de manifiesto la fuerza, la fe y la humanidad de quien, como este sacerdote de Los campos- Asturias-, no se rinde ni deja que la oscuridad apague su luz.

Que estas palabras sean una humilde muestra de gratitud, reconocimiento y cariño a quien merece el respeto y la admiración de todos nosotros. Porque Constantino es ejemplo de trabajo, de fe viva, de compromiso con los demás y de verdadera cercanía.

José Carlos Enríquez Díaz