Feijóo Superstar: del Congreso al Karaoke, pasando por la frutería

Feijóo Superstar: del Congreso al Karaoke, pasando por la frutería

Hay políticos que dejan huella en la historia con discursos memorables, tratados de Estado o decisiones que cambian el rumbo de un país. Y luego está Alberto Núñez Feijóo, que ha decidido inmortalizarse con un karaoke de “Mi limón, mi limonero” y el ya clásico “me gusta la fruta”, esa versión políticamente correcta de un insulto elevado a categoría de meme nacional. Porque si algo ha demostrado Feijóo en estos meses es que, cuando hay que elegir entre parecer un estadista o un cliente fijo de karaoke en Benidorm, él siempre se queda con lo segundo.

La escena no tiene desperdicio: un escenario pequeño, luces de verbena, tres señores que parecen salidos de una boda gallega a las seis de la mañana, y Feijóo, trajeado pero con espíritu de Julio Iglesias de rebajas, cantando con entusiasmo una canción que nadie pedía, pero que todos recordaremos. Lo mejor, sin duda, fue el detalle en Instagram: sobre el vídeo escribió “me gusta la fruta”. Y ahí sí, la ironía alcanzó niveles históricos.

Porque claro, si uno de sus propios barones (Ayuso, para más señas) convirtió un “hijo de puta” en un “me gusta la fruta” para salir del paso, Feijóo pensó: “¿Y si lo reciclo? Total, el plástico no, pero los insultos disfrazados se pueden reutilizar infinitamente”. Y allá que fue, al karaoke, a dejar claro que la estrategia política del PP consiste en lo mismo que la vida nocturna de Torremolinos: cantar mal, beber peor y reírse de los demás.

El líder de la “política adulta” ha pasado de prometer moderación a competir con Ayuso en un concurso de a ver quién convierte la bronca en meme más rápido. Si en Génova antes se hablaba de “proyectos de Estado”, ahora la cosa es más sencilla: “me gusta la fruta” y a correr. El problema es que la fruta, en exceso, da gases, y el electorado empieza a notarlo.

Resulta enternecedor ver cómo Feijóo intenta parecer cercano mientras canta. Tiene ese aire de señor que en las cenas de empresa coge el micrófono para hacer el chascarrillo y acaba interpretando a Raphael con más pena que gloria. Lo malo es que no estamos en la cena de Navidad de Deloitte, sino en plena batalla política nacional. Pero claro, a falta de propuestas claras, siempre queda el karaoke.

Lo más revelador del asunto es la escenografía. Mientras su portavoz Miguel Tellado habla de “cavar la fosa del Gobierno” con tono de villano de película de serie B, Feijóo se dedica a cantar sobre limones y limoneros en un local llamado “Garufa Club”. Es como si Batman se hubiera quedado dormido y en su lugar llegara Robin, pero vestido de camarero de chiringuito, guitarra en mano y con la firme decisión de versionar a Los Diablos.

En el Garufa Club se cuece la nueva estrategia del PP: menos argumentario, más karaoke. Total, los mítines aburren, pero un par de rancheras y la foto en Instagram pueden ser oro puro para los titulares. De hecho, no sería raro que en breve veamos a Feijóo versionando a Chayanne con “Torero” o a Camela con “Cuando zarpa el amor”, todo sea por el engagement.

El lema tiene su gracia. “Me gusta la fruta” ya no es solo una excusa, es un sello de marca. Feijóo lo sabe y lo exprime. Porque si algo se le da bien es eso: copiar lo que funciona y ponerle su propio karaoke encima. Y aunque la fruta sea sana, empieza a dar la sensación de que el PP vive en un bucle de eslóganes reciclados, memes internos y bromas privadas que han saltado al prime time político. La seriedad brilla por su ausencia, pero la diversión está garantizada.

Lo curioso es que, mientras él se ríe en el karaoke, millones de españoles se preguntan cómo alguien que aspira a ser presidente del Gobierno cree que esto le suma puntos. Quizás piense que, al mostrarse campechano, se gana al electorado más informal. O quizás simplemente sea un apasionado del karaoke, quién sabe. Lo que está claro es que nadie le había pedido esto, y sin embargo aquí estamos, comentando su actuación como si fuera Eurovisión.

Si lo miramos bien, Feijóo se ha convertido en un personaje de sobremesa. Es ese tío del pueblo que canta mal, que repite chistes, que nunca innova, pero que siempre encuentra una manera de ser el centro de atención. Y al final, aunque nadie lo respalde con entusiasmo, todos lo comentan. Porque Feijóo no será un líder revolucionario, pero sí es el influencer definitivo de la España del bar del chino facha: entre el chascarrillo, la imitación y la broma fácil.

Quizás sea esa su gran estrategia: si no puedes convencer, al menos haz reír. Aunque sea de ti mismo. Aunque sea en un karaoke. Aunque sea con una fruta.

Conclusión: Alberto Núñez Feijóo ya no necesita un programa político, ni un plan económico, ni un proyecto de país. Le basta con un micrófono, un “me gusta la fruta” y un escenario de karaoke. Porque si la política es espectáculo, él está decidido a ser la estrella del verano, aunque desafine más que el wifi en un pueblo gallego.