Señor Tellado,
Sus palabras no son un lapsus. No son un error fruto de la improvisación. Son un reflejo exacto de lo que piensa y transmite su partido. Cuando usted afirmó que había llegado “la hora de cavar la fosa de este Gobierno”, no estaba utilizando una metáfora inocente. Estaba mostrando, de manera cruda, la forma en que el Partido Popular entiende la política: como un espacio donde al adversario se le elimina, no se le convence; donde se evocan tumbas y no proyectos; donde el lenguaje remite más al pasado de fosas comunes que al futuro de la democracia.
Lo grave no es la frase en sí, lo grave es lo que encierra. Porque en un país como España, donde aún más de 100.000 personas permanecen desaparecidas en cunetas y fosas fruto de la represión franquista, cada palabra que utiliza la derecha tiene un peso histórico imposible de borrar. Usted, señor Tellado, ha faltado al respeto a esas familias que aún buscan los restos de sus seres queridos, a esas hijas y nietos que siguen esperando verdad, justicia y reparación.
El Partido Popular, que presume de representar valores cristianos, que se alinea con figuras como el arzobispo de Oviedo, habla de fosas como si fueran un chiste de sobremesa. ¿Dónde queda entonces el mensaje evangélico de la compasión, de la dignidad, del cuidado del prójimo? ¿Cómo puede un partido que se dice heredero de la tradición humanista respaldar discursos que hieren a las víctimas y reabren las heridas del pasado? La contradicción es demasiado evidente: se arropan con el lenguaje de la fe, pero practican la política del odio.
No se trata de una anécdota. Cada día el Partido Popular alimenta un clima tóxico en el debate público. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, repite que España vive en “dictadura” pese a que los ciudadanos han votado libremente en las urnas. El señor Feijóo rehúye dar explicaciones ante la justicia como si la transparencia fuese una amenaza personal. Y usted, secretario general, legitima ese clima invocando imágenes que recuerdan a fosas y cunetas. No es casualidad, es una estrategia: la estrategia de quienes necesitan el odio como motor porque carecen de proyecto para el futuro.
Cuando un líder político habla de fosas, está eligiendo no hablar de lo que de verdad importa: la vivienda que no pueden pagar los jóvenes, la sanidad pública que se deteriora día a día, la educación que exige recursos, los salarios que no alcanzan. El Partido Popular no propone soluciones, propone trincheras. No plantea un horizonte, plantea un entierro.
Es aquí donde la democracia se pone en riesgo. Porque las palabras no son inocuas. Las palabras construyen realidades, encienden pasiones, legitiman conductas. Cuando desde un partido de Estado se normaliza el lenguaje de la tumba y del adversario como enemigo, se está abonando el terreno a los ultras que no entienden de límites ni de legalidad. Usted pone las palabras; ellos pondrán la violencia. Y eso, señor Tellado, no es responsabilidad menor.
España ha avanzado demasiado en derechos, en convivencia y en libertad como para retroceder a los fantasmas del pasado. La democracia no es perfecta, pero es el único terreno común que tenemos. Cuidarla exige respeto, mesura y la voluntad de entender que el adversario político no es un enemigo a enterrar, sino un ciudadano con ideas distintas al que hay que convencer en las urnas.
Señor Tellado, lo que molesta a su partido no es Pedro Sánchez, ni el Gobierno actual, ni siquiera la coalición que lo sostiene. Lo que molesta es que la democracia produzca resultados que no siempre les son favorables. Lo que incomoda es que las urnas no entreguen siempre el poder al mismo bloque. Y frente a esa incomodidad, la respuesta del PP es radicalizar el discurso, agitar los miedos y rescatar un imaginario que debería haberse quedado para siempre en los manuales de historia.
Quienes creemos en la democracia no vamos a aceptar esa deriva. El antifascismo no es un insulto, es un deber democrático. Es la garantía de que nunca más se repita lo que sucedió en 1936, de que nunca más la política se convierta en una guerra civil, de que nunca más el adversario sea visto como alguien a eliminar.
Por eso esta carta no es solo para usted. Es también para quienes aún dentro de su partido creen en la moderación, en la convivencia y en el respeto institucional. Es para recordarles que cada palabra cuenta, cada metáfora pesa, cada gesto suma o resta en la construcción de un país más justo y más libre.
España necesita un Partido Popular que haga oposición con argumentos, con propuestas, con responsabilidad. No un PP que se disfrace de cristiano mientras difunde odio, no un PP que legitime la nostalgia franquista, no un PP que renuncie a ser alternativa para convertirse en cómplice de quienes sueñan con uniformes y banderas negras.
Señor Tellado, su frase pasará a la hemeroteca, pero no como una ocurrencia brillante, sino como un recordatorio del riesgo de banalizar la violencia y de utilizar el dolor colectivo como arma partidista. Usted no cava la fosa de este Gobierno. Usted, con cada palabra, cava la fosa de la convivencia democrática. Y esa sí que no podemos permitir que se pierda.
¡Chapeau!
Gracias, Antonio