«La Huella de Xosé»

«La Huella de Xosé»

Este viernes, la piedra se hará canto,
la luz volverá por donde un día se apagó,
y las puertas que el tiempo cerró sin permiso
se abrirán como brazos a la fe que esperó.

Dolores renace, más viva, más clara,
con la solemnidad del incienso y del paso,
pero entre vítores, campanas y cánticos,
hay un nombre que vibra en el alma del acto.

No hace falta nombrarlo.
Su eco respira en cada rincón restaurado,
en cada banco, en cada flor,
en cada lágrima que no cae en vano.

Xosé Francisco,
cura sin trono, vecino sin pausa,
compañero de hospitales y plazas,
pastor que no quiso figura ni aplausos,
solo un pueblo que volviera a su casa.

Cuando el templo crujía bajo el peso del olvido,
él tejía esperanza con hilo escondido.
Sin focos, sin prisa, sin ruido,
con la fe de quien ama sin más objetivo.

Colocaba bancos, escribía cartas,
llamaba, pedía, explicaba sin falta.
Y mientras otros perdían el pulso del sueño,
él seguía firme, con los pies en el suelo.

Con los niños, ternura.
Con los mayores, tiempo.
Con todos, verdad.

Su pastoral era abrazo,
su presencia, hogar.

Y ahora que el templo regresa a la vida,
la comunidad sabe lo que la historia no grita:
que sin su constancia, sin su amor cotidiano,
Dolores seguiría cerrada… y esperando.

Así que este viernes,
cuando la Virgen y el Cristo caminen despacio,
cuando la Eucaristía eleve los pasos,
el pueblo entero, sin decirlo en voz alta,
llevará su nombre dentro del pecho y del canto.

Gracias, Xosé,
por creer más allá del derrumbe,
por cuidar sin pedir, por servir sin costumbre.
Tu huella no es de piedra, ni siquiera de tinta:
es de amor…
y esa no se extingue.