Ferrol y los agujeros olvidados: cuando las fiestas valen más que la seguridad ciudadana

Ferrol y los agujeros olvidados: cuando las fiestas valen más que la seguridad ciudadana

En Ferrol, como en tantos otros municipios, la llegada del verano trae consigo el estruendo de las orquestas, los fuegos artificiales y la maquinaria cultural puesta al servicio de las grandes fiestas. Carteles luminosos, escenarios que llenan las plazas, programaciones musicales que ocupan páginas en la prensa y en redes sociales. Sin embargo, mientras se gastan miles de euros en actividades festivas, existen calles enteras que permanecen olvidadas, con deficiencias básicas que ponen en peligro a quienes transitan por ellas.

La realidad contrasta de forma dolorosa: mientras se presume de modernidad, dinamización cultural y ocio, barrios enteros sufren una desatención estructural que alcanza extremos tan graves como la ausencia de rejillas en las calles, alcantarillas abiertas o elementos urbanos en estado de total abandono.

El caso de la calle Real Baja, en Agraña

La denuncia llega directamente de los vecinos. En la calle Real Baja, en Agraña, faltan por completo rejillas de sumideros y alcantarillado en varios puntos. No se trata de un simple desperfecto, sino de auténticos huecos abiertos en el suelo, capaces de provocar caídas graves a cualquier peatón, especialmente a las personas mayores.

Pasamos todos los días por aquí, y cada vez que llueve la cosa empeora. Hay charcos, hay agujeros y ni un mínimo mantenimiento”, relata una vecina, cansada de que sus avisos al Ayuntamiento caigan en saco roto.

Basta imaginar la caída de una persona mayor en uno de estos huecos para entender la gravedad. Pero parece que, hasta que no ocurra un accidente serio, nadie se decide a actuar.

Con frecuencia, la imagen que se proyecta hacia el exterior se centra en el centro de la ciudad. Allí van las inversiones, la limpieza intensiva y las obras más visibles. Mientras tanto, barrios como Agraña sufren un abandono constante.

La descompensación es evidente: mientras unos vecinos disfrutan de un mínimo de cuidado urbano, otros deben convivir con aceras rotas, rejillas desaparecidas y espacios públicos deteriorados.

Cultura frente al abandono

La queja vecinal es clara: mientras se destinan grandes partidas presupuestarias a las fiestas de verano, las necesidades más inmediatas quedan sin resolver.

No se trata de cuestionar la importancia de la cultura, pero sí de preguntarse: ¿es razonable invertir sumas millonarias en fiestas mientras barrios enteros carecen de la mínima seguridad viaria?

Es cuestión de prioridades: garantizar primero la seguridad ciudadana o continuar anteponiendo la foto de un concierto multitudinario.

Vecinos invisibles

La denuncia de la calle Real Baja de Agraña es solo un ejemplo de un problema estructural: la invisibilidad de los barrios.

La sensación de abandono se traduce también en un sentimiento de desigualdad. “No somos menos que los del centro”, repiten con razón muchos residentes.

El coste de no hacer nada

El abandono de las calles tiene un coste social y económico. Caídas, accidentes, gastos hospitalarios, bajas laborales y sufrimiento humano.

El mantenimiento urbano no es un lujo, es una obligación. Y no se puede aceptar que año tras año se repita la misma historia: miles de euros gastados en fiestas mientras las calles permanecen abiertas en canal.

Cuando el brillo tapa la realidad

Los fuegos artificiales duran unos minutos, la música se apaga en cuanto termina la noche. Lo que permanece son los agujeros en las calles, los sumideros sin rejilla y las aceras que nadie arregla.

Quizás ha llegado el momento de exigir: menos luces y más responsabilidad. Menos carteles y más mantenimiento. Menos titulares y más compromisos reales con la seguridad ciudadana.

Conclusión

Ferrol no puede seguir conviviendo con esta contradicción: gastar enormes cantidades en eventos festivos mientras se permite que los barrios sufran un deterioro que pone en riesgo la salud y la dignidad de sus vecinos.

La denuncia de la calle Real Baja de Agraña es solo la punta del iceberg. La ciudad necesita imaginación, sí, pero sobre todo voluntad política para priorizar lo que importa: seguridad, igualdad y cuidado del espacio público.

Las fiestas pasan, los agujeros quedan.