En los tiempos que corren, los vecinos ya casi habían perdido la esperanza de que existieran políticos que de verdad sirvieran al pueblo. Acostumbrados a las largas esperas, a las excusas infinitas y a la desgana de aquellos que gobernaban no hace tanto, la sorpresa es mayúscula cuando se descubre que todavía existen personas con verdadera vocación de servicio. Ese es el caso del concejal José Tomé y del equipo de gobierno actual, con José Manuel Rey Varela al frente del Ayuntamiento de Ferrol.
Lo que ocurrió este fin de semana es un ejemplo perfecto de eficacia, compromiso y seriedad. Un vecino llama un domingo para trasladar la situación del atrio de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, en un estado lamentable, con hierbas creciendo por todas partes y con una dejadez que parecía crónica. Lo sorprendente no es solo que la llamada fuese atendida en apenas quince minutos, sino que al día siguiente, ya por la tarde, el atrio estaba impecable, limpio, brillante, con las piedras como nuevas y sin un solo rastro de vegetación. Eso, señores, no es política de escaparate, eso es gestión de verdad.
Resulta imposible no hacer la comparación con la etapa anterior del PSOE en el ayuntamiento, donde las palabras sonaban a música hueca y las promesas se perdían en un cajón lleno de excusas. Aquellos mismos que decían que era “imposible” cambiar la limitación absurda de 30 km/h en la carretera de Catabois a 50 km/h, porque según ellos Tráfico jamás lo permitiría, y que además habría accidentes por doquier… Ahora sabemos la verdad: lo único que había detrás era un afán recaudatorio. Porque claro, a 30 km/h no se circula, se acompaña el coche como si se llevara a un funeral, y mientras tanto la caja del ayuntamiento se llenaba con multas.
¡Qué ironía más amarga! Mientras tanto, los vecinos no eran escuchados. El PSOE tenía la receta perfecta: oídos sordos, pasillos fríos y saludos ausentes. Incluso militantes de su propio partido eran ignorados, tratados con desdén. Basta recordar el trato que recibió Maite Deus, o la llegada, cual paracaidista sin experiencia alguna, de Dopico Malde, una número dos colocada a dedo, sin bagaje político, sin contacto real con los problemas del pueblo. Una decisión que muchos militantes trabajadores y comprometidos no lograron comprender, y cuyos motivos quizá nunca se expliquen del todo, pero que dejó en evidencia que las prioridades no parecían ser precisamente el servicio al ciudadano.
Y en este contraste tan marcado aparece la figura de José Tomé, un hombre educado, correcto, servicial, cercano. Un concejal que responde el domingo, que no pone excusas, que actúa en menos de 24 horas y que demuestra con hechos lo que tantos pregonan en discursos vacíos. Hoy en día es difícil encontrar políticos así, porque la mayoría solo buscan servirse a ellos mismos y no servir al pueblo. José Tomé demuestra que sí es posible una política distinta, basada en la atención, en el respeto y en la acción inmediata.
Hay que recalcarlo: lo que se vivió este fin de semana en Ferrol es un ejemplo de lo que significa la buena política. No grandes discursos, no ruedas de prensa interminables, no fotografías con sonrisas falsas. Simplemente un concejal que escucha, un equipo que responde, un trabajo que se ejecuta y un problema que desaparece. Es así de sencillo, y a la vez, así de extraordinario.
El atrio de la Orden Tercera no solo está limpio, está transformado en símbolo. Un símbolo de que las cosas se pueden hacer bien, de que el vecino cuenta, de que la ciudad importa. Y eso se debe a un ayuntamiento que hoy funciona como un engranaje impecable, bajo el liderazgo de José Manuel Rey Varela, con un equipo que entiende lo que significa gobernar.
No podemos dejar pasar la ironía: mientras unos gobernaban con la vista puesta en los radares y las sanciones, otros hoy gobiernan con la mirada puesta en la piedra de un atrio que refleja historia, cultura y respeto. Mientras unos no respondían ni a sus propios militantes, otros hoy responden a un vecino en un domingo y en quince minutos. Mientras unos sembraban la desidia, otros siembran eficacia.
Es un aire nuevo, fresco, necesario. Porque Ferrol necesitaba un gobierno que de verdad se ocupara de las cosas pequeñas, que al final son las grandes para el ciudadano. Y este episodio lo demuestra: no hay detalles insignificantes cuando se trata del cuidado del patrimonio y de la atención al vecino.
Por eso, hoy debemos reconocerlo alto y claro: José Tomé no es solo un buen concejal, es una bellísima persona, un hombre que honra la política en tiempos en los que esta palabra ha perdido su brillo. Su respuesta, su rapidez, su implicación, son la prueba viva de que se puede gobernar con sensibilidad, con educación, con cercanía y, sobre todo, con eficacia.
Y mientras tanto, no podemos dejar de recordar con una sonrisa irónica —esa sonrisa amarga del que ya ha vivido lo peor— cómo era antes: el pasillo frío del ayuntamiento, el saludo ausente, la excusa eterna de lo “imposible”, la colocación a dedo de los inexpertos, las decisiones incomprensibles que desmotivaban a los más comprometidos… Eso, por suerte, ya quedó atrás.
Hoy, Ferrol brilla un poco más. Y brilla porque hay un equipo de gobierno que funciona, hay un alcalde que lidera, y hay concejales como José Tomé, que hacen que la política vuelva a significar servicio. Y eso, en estos tiempos, es digno no solo de reconocimiento, sino de alabanza.
Porque, al fin y al cabo, no todos los días se puede decir que uno llama a un concejal un domingo, este responde en minutos y al día siguiente ya está el problema resuelto. Eso es eficacia. Eso es compromiso. Eso es José Tomé. Y por eso, en las próximas elecciones, Ferrol debe darles la mayoría absoluta que merecen, porque gestos como este no deben olvidarse.