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En estos días de recogimiento y contemplación, la palabra del obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, resuena con una fuerza que no deja indiferente. No es una palabra fácil, ni cómoda, pero sí profundamente evangélica. Con mirada profética, el obispo nos invita a detenernos en una figura incómoda del Evangelio: Judas Iscariote, el discípulo que traicionó a Jesús.
Pero no lo hace para condenar, sino para iluminar. Para ayudarnos a comprender que Judas no es solo un personaje del pasado, sino también una imagen viva de las traiciones que seguimos cometiendo hoy, muchas veces, sin darnos cuenta: traiciones a las personas que nos aman, traiciones a la verdad, traiciones al amor.
“El hombre que piensa solo en poseer” —dice el obispo—, ése es Judas. Un hombre que deja de mirar a los ojos y empieza a calcular. Que deja de amar y comienza a negociar. Que convierte lo sagrado en mercancía. Y en ese espejo, nos vemos todos reflejados de alguna manera. Porque vivimos en una sociedad que ha aprendido a medir el valor de todo… menos el del perdón.
García Cadiñanos no se queda en la crítica. Al contrario. Su palabra es medicina, no reproche. Con ternura evangélica nos recuerda lo esencial: Judas no fue condenado por traicionar a Jesús, sino por no creer en su misericordia. Si hubiese orado, si hubiese confiado, si hubiese regresado, habría sido perdonado. Porque Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que a veces nos cansamos de pedir perdón.
Este es el corazón del mensaje: la misericordia como camino de salvación. La invitación es clara y directa: ¿queremos seguir encerrados en nuestras traiciones, o nos atrevemos a dejar que el amor nos sane?
El obispo nos muestra que la historia de Judas no está cerrada, porque sigue latiendo en el fondo de nuestras propias historias. Pero también nos enseña que siempre hay otra puerta, la del perdón, la de la amistad con Cristo, la de la oración humilde que abre la salvación.
En un tiempo marcado por la prisa, el ruido y la superficialidad, la voz de Fernando García Cadiñanos es una llamada al silencio, a la conciencia, y sobre todo, a la esperanza. Porque todavía estamos a tiempo. Porque aún podemos elegir otro camino. El de la vida.