Virgen de Covadonga, Reina de Montañas

Virgen de Covadonga, Reina de Montañas

Bajo el cielo azul de Asturias,
donde los pinos se alzan como torres,
y el río Cangas murmura su canto,
allí, en la roca sagrada, resplandece tu imagen,
Virgen de Covadonga, madre y protectora,
estrella de un cielo lleno de esperanza.

Tu manto cubre las cumbres del horizonte,
y tu luz, como un faro, guía a los perdidos,
los que buscan paz en el eco de tu nombre,
y encuentran en ti consuelo y amor eterno.
En la quietud de la montaña, tu voz resuena
como un susurro divino, un canto de amor.

Oh Virgen de Covadonga, madre nuestra,
en tus ojos se reflejan las lluvias y los vientos,
la fuerza indomable de tu gente,
que como tú, siempre resiste y se alza
ante la adversidad.
Tu presencia es un escudo que cubre el alma
y un puente de luz que conecta el cielo y la tierra.

La batalla de Covadonga, tus brazos la abrazan,
y en la victoria resonó tu nombre,
un himno que recorre los valles y montes,
que se canta en las voces de los valientes,
de aquellos que confían en tu intercesión.

Tu templo, refugio sagrado,
guarda en su corazón los ecos de la historia,
y tus pasos, madre fiel,
se imponen con la fuerza de las aguas del Deva,
que serpentean como ríos de fe
bajo el manto de tu protección.

Virgen de Covadonga, reina del silencio,
cuando los ecos de la vida se apagan
y las estrellas brillan con tu luz sagrada,
nos postramos ante ti, buscando en tus ojos
la paz que solo tú sabes dar,
el consuelo que calma todas las angustias.

Tus manos, que cuidan a los que en ti confían,
acarician nuestras almas con ternura infinita,
y tu presencia, madre mía,
es la guía que ilumina nuestros días oscuros.

Oh Virgen de Covadonga, símbolo de la fe y la esperanza,
en tus brazos encontramos la fuerza para continuar,
la fe para seguir luchando,
y la certeza de que, al final del camino,
tu amor nos llevará siempre a la gloria.

Tu nombre, inmortal en la historia de la tierra,
se alza como bandera,
y tu imagen, en la roca sagrada,
es el faro que nunca se apaga,
Virgen de Covadonga, madre eterna,
siento tu protección en cada paso que doy.

Tu voz, como un suspiro en el viento,
nos llama a la paz, al amor y al reencuentro.