El artículo de Joaquín Santiago pretende venderse como un ejercicio de “valentía periodística”, pero lo que realmente hace es ensalzar privilegios eclesiásticos y demonizar lo que no encaja en su narrativa. Santiago critica a Adrián Barbón por no aparecer en una ceremonia religiosa, mientras convierte a Rouco Varela y Sanz Montes en paladines de la moral y la valentía, olvidando deliberadamente que estos señores han vivido protegidos por lujos y prebendas que cualquier ciudadano normal solo puede soñar.
Hablemos de Rouco Varela: ático de lujo, chofer a disposición, y un historial de prebendas eclesiásticas que se negó a abandonar incluso tras su jubilación. ¿Y Santiago lo llama un “respaldo moral” en la montaña? La ironía es brutal. Un hombre que ha vivido entre privilegios criticando a otros desde un púlpito como si fuera ejemplo de humildad. Esa es la “franqueza” que tanto alaba el artículo.
En cuanto a la inmigración, Santiago se limita a repetir los discursos incendiarios de Sanz Montes sobre la “inmigración ilegal de base islámica” como si fueran verdades absolutas. Olvida convenientemente que los inmigrantes aportan riqueza, pagan impuestos, ocupan trabajos que muchos no quieren y dinamizan la economía. Compran viviendas, muebles, electrodomésticos; mueven dinero, generan empleo y contribuyen al bienestar social. Negar esto es desinformar deliberadamente, disfrazando prejuicio de valentía.
Y no podemos pasar por alto la actitud incendiaria del arzobispo en redes sociales, donde alaba a partidos como Vox y polariza con mensajes que alimentan miedo y división. Santiago lo llama “franqueza” y “decir lo que otros no se atreven”, pero la verdad es que esto no es valentía: es propaganda política disfrazada de moral religiosa.
Por otro lado, la crítica a Barbón es ridícula. Presentar su ausencia como un gesto que divide Asturias ignora la realidad: no todo acto religioso obliga a participar a un representante político. Defender la separación entre Iglesia y Estado no es cobardía, es sentido común. Santiago reduce un asunto complejo a una foto que encaja en su narrativa, y todo lo que no encaja se pinta como traición al pueblo.
El artículo también ignora un detalle fundamental: la coincidencia entre la festividad de la Santina y el Día de Asturias fue un intento fallido de sumar símbolos, y convertirlo en un “ring político-religioso” no es responsabilidad de Barbón, sino de quienes usan la fe para justificar privilegios y mensajes incendiarios.
En resumen, este artículo es un manual de hipocresía periodística:
- Se ensalza a un cardenal con historial de lujo y privilegios.
- Se demoniza a inmigrantes que aportan riqueza y trabajo.
- Se critica a un presidente que respeta la separación Iglesia-Estado.
- Se legitima la polarización política desde el púlpito como “valentía moral”.
Covadonga, que debería ser un símbolo de unión, se convierte así en escenario de propaganda eclesiástica y privilegios encubiertos, mientras Santiago aplaude la franqueza de quienes han vivido a costa de la comodidad que nunca cuestionan. Eso no es valentía, eso es doble moral con sotana.