¿Y si el techo hubiera matado? La vergonzosa dejadez en el Hospital de Ferrol pone en riesgo vidas mientras la prevención sanitaria sigue olvidada

¿Y si el techo hubiera matado? La vergonzosa dejadez en el Hospital de Ferrol pone en riesgo vidas mientras la prevención sanitaria sigue olvidada

El pasado 3 de agosto, un falso techo del Complejo Hospitalario Arquitecto Marcide de Ferrol se desplomó sobre una habitación que, para colmo de irresponsabilidad, estaba ocupada por un paciente. El resultado fue un herido leve, pero podría haber sido una tragedia de proporciones mucho mayores. Que un techo caiga en una instalación sanitaria en pleno siglo XXI no es un accidente: es el síntoma de una podredumbre estructural, de años de abandono y desinversión, de una Sanidad Pública tratada como si fuera un gasto molesto y no un pilar básico de la vida en sociedad.

Tras el incidente, la reacción institucional fue tan rápida como hipócrita. El conselleiro de Sanidad, Antonio Gómez Caamaño, acompañado de la cúpula directiva del Área Sanitaria de Ferrol, convocó una reunión urgente y anunció medidas: reorganización de pacientes y renovación de techos en cinco plantas del hospital. Unas plantas que, atención, no estaban entre las que ya habían sido renovadas, lo que evidencia que el deterioro era conocido, crónico y negligido.

¿De verdad hacía falta que un paciente resultara herido para que se activaran las alarmas? ¿Hasta cuándo hay que soportar que los hospitales públicos funcionen al límite, con instalaciones envejecidas, falta de mantenimiento y un personal saturado? ¿Cuál era el plan, esperar al primer muerto para iniciar las reformas?

Como guinda a este lamentable espectáculo, el conselleiro visitó al enfermo afectado, en un gesto que pretende ser humano pero que roza el cinismo más escandaloso. Porque lo verdaderamente humano habría sido evitar que ese techo cayera en primer lugar.

Una Sanidad que se cae… mientras se dispara el gasto en armas

Mientras los techos se desploman y los hospitales públicos piden auxilio, los presupuestos del Estado siguen engordando partidas millonarias en Defensa. En 2025, el Gobierno español aumentará el gasto militar por encima del 2% del PIB, lo que supone más de 27.000 millones de euros destinados a armamento, carros de combate, cazas y fragatas. Se gasta sin pestañear en tecnología para matar, mientras se regatea en prevención, en investigación, en mamografías y análisis básicos para salvar vidas.

La medicina preventiva, esa que no da titulares espectaculares ni contratos con grandes lobbies, pero que salva miles de vidas cada año, ha sido sistemáticamente infravalorada. Hasta hace poco, las mamografías se suspendían automáticamente para mujeres mayores de 70 años, como si a partir de esa edad el cáncer ya no importara. Tampoco se ofrecía cobertura a las menores de 40, a pesar de que cada vez son más las jóvenes diagnosticadas con cáncer de mama.

Ahora, las autoridades rectifican y anuncian que se extenderán los cribados a mujeres más jóvenes y mayores de 70 años. Bienvenidos al siglo XXI, pero no sin una gran dosis de indignación: ¿cuántos casos podrían haberse evitado antes si se hubieran tomado estas decisiones a tiempo? ¿Cuántos tratamientos tardíos, operaciones, quimioterapias, ingresos hospitalarios, muertes… podrían haberse prevenido con una política sanitaria más valiente y menos cicatera?

La rentabilidad egoísta de la prevención

Hasta desde una lógica estrictamente económica —esa que tanto gusta en los despachos que recortan en Sanidad—, invertir en medicina preventiva es rentable. Detectar un cáncer en sus primeras fases cuesta muchísimo menos que tratarlo en estado avanzado. Y lo más importante: las personas sobreviven, tienen calidad de vida, continúan activas, generan valor y no colapsan el sistema sanitario. Pero claro, eso no interesa tanto como cerrar acuerdos con industrias armamentísticas o anunciar compras de aviones de combate.

Porque el problema no es solo la falta de dinero, sino dónde se pone el foco. Si el techo de un hospital se cae, no es por azar ni por un simple error técnico. Es por una cultura política que prioriza lo espectacular frente a lo esencial, la propaganda sobre la salud, lo inmediato por encima de lo sostenible.

Ferrol no es un caso aislado: es el reflejo de una sanidad olvidada

Lo ocurrido en el Marcide es una señal de alerta que no debe silenciarse con promesas de reformas ni visitas protocolarias. El deterioro de las infraestructuras hospitalarias es un fenómeno que afecta a numerosos centros sanitarios en Galicia y en el resto de España. Pero pocas veces se visualiza tan crudamente como cuando literalmente te cae el techo encima.

La Consellería de Sanidad debe rendir cuentas, ofrecer explicaciones y, sobre todo, garantizar que ningún otro paciente vuelva a ser víctima de una negligencia tan grave. Porque una cosa es que falten recursos, y otra muy distinta es jugar a la ruleta rusa con la seguridad de enfermos y trabajadores.

Mientras tanto, seguiremos viendo cómo se invierten miles de millones en destructores navales, en lugar de garantizar techos seguros, pruebas médicas gratuitas y atención digna para todos.

En resumen: una política sanitaria que no previene, no cuida, no reacciona a tiempo y solo actúa cuando la prensa aprieta, no es una política sanitaria: es un desastre anunciado.