Noche Oscura del Alma

Noche Oscura del Alma

En sombras marcho, errante y sin sendero,
un río de silencio en mi costado,
la luna oculta su rostro severo,
y el cielo es un abismo constelado.

Las horas pesan como un hierro ardiente,
y el alma en su destierro se consume,
buscando un faro, un alba diferente,
mas solo halla el eco de su lumbre.

Oh, noche muda, noche sin aurora,
tormenta de tiniebla y desvarío,
¿será tu beso el fuego que devora
o el manto que arrebata mi vacío?

Perdí la senda en laberintos fríos,
y en mi pecho solo hallo la ceniza
de antiguos sueños, de anhelos tardíos,
que el viento de la duda eterniza.

Mas no hay dolor que en vano se derrame,
ni lágrima que no siembre destino,
y aunque mi alma en sombras se desame,
en cada noche muere un peregrino.

Las sombras me conducen a su abismo,
mas en su hueco brilla la esperanza,
pues donde todo acaba sin aviso,
es donde el alma en fuego se abalanza.

Tal vez la noche es solo un velo incierto,
un sueño denso antes de la aurora,
y en su penumbra surge el pecho abierto
donde la luz, callada, se atesora.

Así camino, ciego, entre la brisa,
esperando que el alba me despierte,
porque si el alma a su dolor se eriza,
es que la fe aún danza con la muerte.

Y si en la sombra aún resuena el canto,
si el eco de mi voz no se ha perdido,
es porque todo llanto guarda un manto,
y todo ocaso un sol desconocido.