
En un gesto de profunda significación teológica y ecuménica, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Francisco José Prieto, ha dado un paso histórico al conceder a la Iglesia Reformada, liderada por el Arzobispo Carlos López, un templo para la celebración de sus cultos. Este acuerdo no solo marca un avance en las relaciones entre distintas tradiciones cristianas, sino que también es testimonio del compromiso de la Iglesia con el diálogo y la unidad de los creyentes en Cristo.
Fundamentos Teológicos de la Unidad
El gesto de Monseñor Prieto encuentra su fundamento en la oración de Jesús en Juan 17:21: «Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros». Este llamado a la unidad ha sido, a lo largo de los siglos, un desafío para las distintas confesiones cristianas, pero también un objetivo común que en los últimos tiempos ha cobrado renovado vigor.
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha fomentado el diálogo con otras comunidades cristianas, reconociendo los elementos de verdad y gracia que existen en ellas. La concesión de un templo para la Iglesia Reformada se inscribe en esta tradición de apertura y reconocimiento de la fe común en Cristo.
El Testimonio de Juan Cabrera Ibarz
Uno de los nombres que resuenan con especial importancia en este acontecimiento es el de Juan Cabrera Ibarz, cuyo testimonio ha sido clave para la concreción de este acuerdo. Cabrera Ibarz, pastor reformado y figura destacada en la historia del protestantismo hispano, supo encarnar los valores del Evangelio con fidelidad y valentía, promoviendo el respeto mutuo entre confesiones y la cooperación en la predicación de la Palabra de Dios.
Su ejemplo sigue siendo una inspiración para cristianos de todas las denominaciones, recordándonos que, más allá de las diferencias doctrinales, nos une la misión de anunciar el mensaje de salvación a todo el mundo.
El Compromiso del Arzobispo de Santiago
El liderazgo de Monseñor Francisco José Prieto en este proceso demuestra su profunda convicción de que el ecumenismo no es una simple estrategia diplomática, sino una exigencia del Evangelio. Al brindar un espacio a la Iglesia Reformada para la celebración de sus cultos, el Arzobispo de Santiago muestra una actitud de acogida y fraternidad cristiana que está enraizada en la enseñanza de San Pablo: «Recibíos unos a otros, así como Cristo nos recibió, para gloria de Dios» (Romanos 15:7).
En este sentido, su decisión también responde al llamado del Papa Francisco, quien ha insistido en que el ecumenismo debe ser un camino de encuentro basado en la oración, el testimonio común y la colaboración concreta en favor de la justicia y la paz.
Un Horizonte de Esperanza
La concesión de este templo representa un avance significativo en las relaciones entre la Iglesia Católica y la Iglesia Reformada, pero también es un signo de esperanza para todos aquellos que creen en la posibilidad de una mayor unidad entre los cristianos. En un mundo donde la división y la confrontación suelen prevalecer, gestos como el de Monseñor Prieto son luces que nos recuerdan la vocación de la Iglesia a ser signo e instrumento de unidad.
Este acuerdo, más allá de su dimensión práctica, es un testimonio de que la fe compartida en Cristo es más fuerte que las diferencias históricas que han separado a las confesiones cristianas. La fraternidad que nace del Evangelio se impone sobre cualquier barrera y nos invita a caminar juntos hacia la plenitud de la comunión.
Conclusión
Monseñor Francisco José Prieto ha demostrado con este gesto que el verdadero liderazgo cristiano se basa en la humildad, la apertura y el compromiso con la unidad. Su acción no solo honra la memoria de grandes figuras del ecumenismo como Juan Cabrera Ibarz, sino que también abre una puerta para futuras colaboraciones entre confesiones cristianas.
Que este acuerdo sea un punto de partida para nuevas iniciativas de diálogo y cooperación, siempre en la búsqueda de la unidad que Cristo deseó para su Iglesia. La historia recordará este acto como un ejemplo de valentía y compromiso evangélico, digno de un verdadero pastor del rebaño de Dios.
Una Respuesta a las Críticas
Sin embargo, no han faltado voces críticas que, con una visión estrecha y anclada en prejuicios del pasado, han tratado de desacreditar esta iniciativa. Aquellos que rechazan este gesto de apertura demuestran una falta de comprensión de la verdadera esencia del Evangelio, que es amor, reconciliación y unidad. La Iglesia no puede ni debe encerrarse en el sectarismo o en una falsa pureza doctrinal que ignora el mandamiento supremo de Cristo: amar a Dios y al prójimo.
¡Es lamentable que algunos prefieran alimentar divisiones en lugar de construir puentes! Su resistencia al diálogo y su rechazo al ecumenismo reflejan más un miedo infundado que una verdadera preocupación por la fe. La historia nos ha enseñado que la cerrazón y el dogmatismo inflexible solo han generado rupturas y conflictos innecesarios. Monseñor Prieto, en cambio, ha optado por el camino del Evangelio, el camino de la unidad en la diversidad, el camino del verdadero cristianismo.
La grandeza de un pastor se mide por su capacidad de guiar a su pueblo hacia la verdad con valentía, y eso es precisamente lo que ha hecho el Arzobispo de Santiago. Sus detractores harían bien en reflexionar sobre si sus posturas están realmente alineadas con el mensaje de Cristo o si, por el contrario, están motivadas por intereses personales y una visión limitada de la fe.