Carta abierta a Juan Gallego: la Semana Santa no es un circo, es fe

Carta abierta a Juan Gallego: la Semana Santa no es un circo, es fe

Estimado Juan Gallego:

He leído con calma tu artículo “Doble Vergüenza” y no me queda otra que responderte de nuevo, no por gusto —créeme— sino porque alguien tiene que recordarte lo que parece que has olvidado: la Semana Santa no es un negocio, ni un concurso de poder, ni un pretexto para hacer ruido en la radio. La Semana Santa es fe. Punto.

Lo primero que llama la atención en tu escrito es que en él Cristo no aparece por ninguna parte. Ni una mención, ni un respiro, ni un rastro. En tu mundo, la Semana Santa son estatutos, comilonas, monaguillos omnipresentes, expulsados premiados y números rojos. Es decir: pura intriga de salón, puro “yo ya lo sabía”. Pero de la cruz, de la Pasión, de la esperanza de la Resurrección… nada de nada. Y eso, Juan, es el vacío más grande de tu texto.

Dices que “todo estaba mascadito”. Bien, mascadito debe estar también tu concepto de Semana Santa, reducido a producto turístico y escaparate de poder. Porque según tú, lo importante es quién manda, quién manipula y quién cae en desgracia. Pero resulta que la Semana Santa no nació para alimentar egos ni conspiraciones. Nació para que un pueblo entero se pusiera delante de Cristo y dijera: “Aquí estamos, contigo”.

Tampoco deja de sorprender que presumas de llevar todo esto “a la radio”. Como si la gran misión de un cofrade fuera salir con titulares escandalosos, para que el resto de España piense que en Ferrol la Semana Santa es poco más que un ring de boxeo. Eso no es servicio, eso es espectáculo barato. Y la diferencia entre servicio y espectáculo, créeme, es abismal.

Hablemos de respeto. Tú hablas del Obispo con frases como “lo peor que le ha pasado a esta Diócesis” o deseando que “se vaya de aquí de una puñetera vez”. Y yo me pregunto: ¿esa es tu forma de vivir la fe? ¿Ese es el ejemplo que quieres dar como cofrade? Porque si tu artículo tiene una “doble vergüenza”, es esta: vergüenza por el tono insultante y vergüenza por reducir la Semana Santa a un patio de colegio.

La Semana Santa no es Miramar, ni Iguacel, ni la Soledad, ni tus obsesiones personales. La Semana Santa es Cristo. Es caminar juntos, rezar juntos, compartir la fe en medio de la ciudad. Es poner en la calle un testimonio humilde de esperanza, no un desfile de odios y resentimientos.

Y sí, claro que la Semana Santa mueve turismo, claro que tiene impacto económico. Nadie lo niega. Pero cuando eso se convierte en el centro del discurso, lo que queda es un cascarón vacío. Porque los turistas se irán, los cargos pasarán, y las polémicas se olvidarán. Lo único que permanece es la fe del pueblo que sale a las calles a decir que Cristo está vivo.

Así que, querido Juan, si de verdad quieres defender la Semana Santa, empieza por lo básico: vuelve a hablar de fe. De lo contrario, seguirás escribiendo artículos que podrán dar ruido en la radio, sí, pero que no dejarán ni una chispa de luz en quien los lea.

La Semana Santa no es tu guerra personal, ni tu venganza particular. La Semana Santa es de Cristo. Y mientras algunos pierden el tiempo en medir fuerzas y lanzar insultos, otros preferimos seguir llevando la cruz, porque sabemos que tras la cruz siempre viene la Resurrección.