José Luis Iraburri sostiene que la descristianización de muchas iglesias se debe a la pérdida del sentido de penitencia. Afirma que la atenuación del lenguaje sobre el pecado y la conversión ha debilitado la fe, contribuyendo a la decadencia del cristianismo en muchos lugares. Sin embargo, esta lectura de la crisis eclesial es, al menos, parcial. Si bien la relajación en ciertos discursos doctrinales puede influir en la vida cristiana, hay razones mucho más profundas y estructurales que explican por qué muchas almas se han alejado de la Iglesia. Entre ellas destacan el clericalismo, el autoritarismo, el paternalismo y la pérdida de credibilidad moral de los jerarcas.
Un Diagnóstico Superficial
Iraburri parece reducir el problema a un cambio terminológico y disciplinar. Critica que el sacramento de la penitencia haya pasado a llamarse de «reconciliación» o que las penitencias impuestas sean cada vez más leves. Sin embargo, ¿acaso cree que la crisis de fe se soluciona con confesores imponiendo penitencias más severas? ¿Realmente la gente se aleja porque no se habla suficiente del pecado? Estas afirmaciones desatienden los factores sociales, culturales y eclesiales que han llevado a una crisis de confianza en la institución.
La Confesión: Una Práctica que Evolucionó con el Tiempo
Otro punto que Iraburri ignora es que la confesión, tal como se conoce hoy, no existía en los tiempos de Jesús. En los primeros siglos del cristianismo, la reconciliación de los pecadores era un proceso público y riguroso, reservado solo para pecados graves y permitido una sola vez en la vida. Fue hasta el siglo VII cuando los monjes irlandeses introdujeron la penitencia privada y repetible, lo que transformó la práctica de la confesión en un sacramento accesible y más frecuente. Posteriormente, en el siglo XIII, el IV Concilio de Letrán estableció la obligatoriedad de la confesión al menos una vez al año, consolidando la forma actual del sacramento. Esta evolución demuestra que la penitencia no es un dogma inmutable, sino una práctica que ha cambiado a lo largo de los siglos para adaptarse a las necesidades de la comunidad cristiana.
Además, la idea de la confesión y el perdón de los pecados está presente en las Escrituras, aunque no en la forma sacramental actual. En la Carta de Santiago 5:16 se dice: «Confesaos, pues, los pecados unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho». Este pasaje muestra que en la comunidad cristiana primitiva el perdón no dependía exclusivamente de un sacerdote, sino que los creyentes se animaban a confesarse mutuamente y a orar unos por otros para alcanzar la reconciliación y la sanación espiritual.
Clericalismo y Autoritarismo
Uno de los problemas más graves dentro de la Iglesia ha sido el clericalismo. El papa Francisco ha denunciado en varias ocasiones cómo el clericalismo aleja a los fieles, pues convierte la fe en un ejercicio de poder en vez de servicio. Muchos jerarcas han utilizado la religión para imponer su autoridad en lugar de guiar con humildad y misericordia. Esto ha generado una brecha entre los laicos y la jerarquía eclesiástica, lo que ha llevado a la desafección de muchos creyentes.
El autoritarismo también ha sido un factor decisivo en el alejamiento de los fieles. Durante décadas, muchas iglesias han impuesto normas rígidas sin un diálogo real con la comunidad. La falta de transparencia en la toma de decisiones y la resistencia a reformas necesarias han hecho que muchos cristianos vean a la Iglesia como una institución anquilosada y ajena a sus vidas.
Paternalismo y Falta de Renovación
Otra razón del alejamiento de las almas es el paternalismo con el que se ha tratado a los fieles. En muchas parroquias y estructuras eclesiales, la comunidad laica ha sido considerada pasiva, dependiente de la dirección clerical. Esto ha dificultado la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y ha limitado su crecimiento espiritual.
Mientras en otras tradiciones cristianas se han fomentado liderazgos laicos y una mayor autonomía de las comunidades, en la Iglesia católica muchos fieles se han sentido relegados a un papel secundario. Esto ha generado frustración y, en muchos casos, abandono.
Crisis de Credibilidad Moral
Uno de los factores más determinantes en la crisis de la Iglesia ha sido la pérdida de credibilidad moral de sus líderes. Los escándalos de abusos sexuales y la mala gestión de los mismos han provocado una profunda desconfianza en la institución. Muchas personas no han dejado la Iglesia por falta de penitencia, sino porque han visto cómo quienes debían ser guías espirituales han encubierto crímenes atroces.
La falta de una respuesta contundente ante estos casos, así como la impunidad con la que han actuado algunos jerarcas, ha sido devastadora para la fe de muchas personas. No es el cambio en el lenguaje sobre el pecado lo que ha causado esta crisis, sino la incoherencia entre lo que la Iglesia predica y lo que muchas veces práctica.
Conclusión
José Luis Iraburri se equivoca al atribuir la crisis de la Iglesia exclusivamente a la falta de penitencia y conversión. Si bien es cierto que una espiritualidad más profunda y comprometida es necesaria, el verdadero problema radica en el mal testimonio de la jerarquía eclesiástica. El clericalismo, el autoritarismo, el paternalismo y la pérdida de credibilidad moral han sido los principales responsables del alejamiento de muchos fieles. Además, la confesión no es una institución fija desde los tiempos de Cristo, sino una práctica que ha cambiado y evolucionado con el tiempo. Como señala Santiago 5:16, la confesión y el perdón eran prácticas comunitarias en la Iglesia primitiva, no una obligación exclusivamente sacerdotal. La solución no está en imponer penitencias más estrictas, sino en una Iglesia que viva con coherencia el Evangelio, promoviendo la humildad, la justicia y la inclusión de todos sus miembros en su misión evangelizadora.